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Open Arms y las leyes salvajes

Rafael Vilasanjuan

Se entiende: en Italia se han cansado de recibir inmigrantes mientras sus vecinos europeos, empezando por España, no mueven un dedo para aliviar la tensión de los cientos de miles que han llegado a los puertos italianos. Se puede entender también que hay límites a los que un país solo no puede hacer frente, y en Italia, con mas de 600.000 inmigrantes, las costuras hace ya algún tiempo que han reventado.

Se puede incluso deducir que en el cálculo político haya miedo, porque la inmigración del norte de África ha llenado las urnas en las últimas elecciones italianas de papeletas a favor de la extrema derecha y el Movimiento Cinco Estrellas, que aunque se consideren extremos, en cuestión de migración comparten los mismos odios. Lo que es mas difícil de encontrar es una sola ley en Italia, en Europa o en el complejo entramado legal internacional, que pueda castigar a alguien que intenta salvar una vida de una muerte segura. Eso es lo único que retiene al barco de rescate de Proactiva Open Arms en el puerto siciliano de Pozzallo.

Fosa con miles de cadáveres

Con papeles o sin, con el Mediterráneo convertido en una fosa con miles de cadáveres en el fondo, ni la construcción de alambradas y concertinas, ni la amenaza de los movimientos xenófobos, ni la bajada de temperaturas en invierno han conseguido reducir la cifra de personas buscando refugio a la desesperada. Un mar al que se lanzan sin saber nadar es lo único que les separa del infierno.

La crisis nos desborda y nuestros gobiernos incapaces de afrontarla se dedican a achicar el último espacio que queda para atender a las  víctimas que huyen de guerras, de violencias infinitas, de abusos y a las que finalmente el mar todavía no ha logrado llevarse. Italia aplica al ley del temor a los barcos que intentan salvar vidas. Donde hace un año actuaban mas de una docena, ya solo queda uno.

Aunque será difícil encontrar una sola ley que criminalice a los voluntarios de Open Arms que decidieron mojarse para salvar vidas, la incautación de su barco de momento impide que sigan llegando inmigrantes. Mientras Europa sigue financiado a los guardacostas libios, auténticas milicias que viven de una economía de guerra mantenida en campos de internamiento en donde los abusos van de desde la esclavitud a la violación sistemática., solo quedan las oenegés para frenar el impulso criminal de devolverles.

Son el último intento de salvar la poca dignidad que nos queda, intentando evitar su muerte o un retorno al infierno ¿Se han saltado leyes? Desde luego no la que obliga a rescatar a quien se está ahogando en el mar y llevarlo a un destino seguro. Pero tal vez sí las leyes con las que Europa ha decidido tratar a los inmigrantes: las del silencio y el miedo.

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