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EL PANORAMA POLÍTICO DE EUROPA

Merkel saluda a su llegada a la sesión del Bundestag para ser investida una vez más cancillera alemana.

AFP / TOBIAS SCHWARZ

¿Crisis socialdemócrata?

Joan Tapia

Los electores perdidos no han ido hacia la izquierda sino al populismo nacionalista

Si hay un tópico en el que los columnistas más de derechas y más de izquierdas coinciden es que la socialdemocracia tiene fecha de caducidad. Y aportan como prueba los recientes resultados electorales -nada brillantes- de Francia, Alemania e Italia.  

Y es evidente que en el segundo decenio del siglo XXI los socialdemócratas no tienen los mismos resultados que en la segunda mitad del XX. La Francia de Mitterrand se enterró cuando hace un año Hollande ni se atrevió a volverse a presentar, y la Alemania de Willy Brandt y de Helmut Schmidt hace ya doce años que está dirigida por una democristiana pragmática como Angela Merkel. Pero al contrario que otras tendencias de la izquierda -los comunistas- los socialdemócratas siguen vivos e influyen en los gobiernos de la Unión Europea. En Francia, Macron -ministro de Economía de Hollande- ganó con una nueva oferta en la que confluyen liberales y socialdemócratas. Y varios ministerios -como Interior y Defensa- están en manos de antiguos y conocidos socialistas. En Alemania, el SPD ha tenido que rehacer la gran coalición -que no es lo que quería- porque la irrupción de la extrema derecha -13% del voto y 90 diputados- y la deserción de la derecha liberal (el FDP) no le dejaba otra opción. Y el pacto ha sido aprobado y votado por los militantes. En Italia, el Partido Democrático (que es también heredero del viejo PCI) ha sufrido una seria derrota. Pero es muy posible que deba estar en el gobierno para evitar el dominio del populismo más antieuropeo. 

Gran parte del programa ya es una realidad, hoy lo difícil es aguantar el Estado del bienestar

Los votos perdidos

Es cierto que la socialdemocracia no está en su mejor momento. Lo que es totalmente falso es que esté en crisis -como tanto se pontifica- por haberse derechizado, o por no cuestionar la economía social de mercado. Los votos perdidos -España es una excepción porque a Zapatero le cogió la crisis- no han emigrado hacia la izquierda sino a populistas-nacionalistas de derechas (en Alemania e Italia) o a un nuevo centrismo (en Francia).

En Alemania, el SPD centró su campaña en la lucha contra la desigualdad y su retroceso se debe a que para una parte de la sociedad alemana la desigualdad es un problema menos grave que la seguridad ciudadana y sobre todo, a la irrupción de la inmigración. Guste o no, la realidad es que la llegada de más de un millón de inmigrantes a Alemania y de 600.000 a Italia está detrás de la pérdida de votos tanto de Merkel como del SPD o de la izquierda italiana.

Quizá lo que sucede es que gran parte del programa socialdemócrata, la construcción del Estado del bienestar, ya se ha logrado. Y que el problema hoy es mantener el Estado del bienestar en un mundo globalizado. Cuando millones de chinos e indios han entrado en la economía industrial y -saliendo del subdesarrollo- ejercen una presión bajista sobre los salarios. Cuando los viejos estados nacionales han perdido soberanía económica pero los dirigentes y los pueblos se resisten -por nacionalismo- a ceder más poder a Europa. Cuando el vivir más años -gran conquista social- incrementa con fuerza los costes de salud y de pensiones. Y cuando, al mismo tiempo, las clases medias se resisten a pagar más impuestos, el control fiscal de los más poderosos y de las grandes multinacionales (Irlanda hace 'dumping' fiscal) es más difícil y cuesta aumentar los ingresos de los Estados. 

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El objetivo

Nadie tiene la solución milagro, y la globalización y la información digital favorecen muchas veces recetas falsas y peligrosas como el proteccionismo, el rechazo del inmigrante y el nacionalismo elementalista: Trump, Marine Le Pen, Liga Norte, la alemana AfD…

El objetivo socialdemócrata ha sido bien enunciado por Javier Fernández, presidente de Asturias, como “la defensa del Estado del bienestar que es el patrimonio de los que no tienen patrimonio”. Pero ello no se consigue con el inmovilismo porque sin crecimiento no hay empleo ni dinero para gastos sociales. Ni girando a la izquierda, lo que lleva al desastre económico (Grecia) y que los electores no compran en ningún país europeo.

Adaptar y mantener el Estado del bienestar es la gran asignatura pendiente. Y los socialdemócratas solos quizá no puedan aprobarla. Por falta de fuerza electoral suficiente y porque la aportación de las ideas liberales es esencial para frenar el inquietante avance del populismo trumpista. Para convencer a las opiniones públicas que el mundo de hoy es diferente -mucho mejor y más justo que el de 1945 (triunfo del Labour en Gran Bretaña) o de 1982 (el de Felipe González)-, pero que las medidas necesaria son otras y más complejas.