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Un modelo social amenazado

Manifestantes ante el Congreso, anoche, con un pañuelo en la boca para protestar contra la ley mordaza.

DANI POZO (AFP)

Menos derechos, mayor inseguridad

Sonia Andolz

Retroceder o limitar garantías ciudadanas ya adquiridas lapida los avances de la sociedad democrática

En la España actual asistimos con mayor o menor perplejidad a la interpretación más restringida de derechos individuales y colectivos que hemos vivido en mucho tiempo. Algunas de estas interpretaciones llegan a incluso vulnerar las garantías y libertades de personas y colectivos. Así lo defienden colectivos progresistas de juristas, abogados y fiscales y así lo entendemos muchos. Retroceder en las garantías de derechos individuales y colectivos no es solo asunto de penalistas y encausados ni afecta únicamente al ámbito propiamente jurídico (como si eso no fuese ya suficiente 'per se') sino que también afecta de lleno a otro ámbito que quizá preocupe a políticos más conservadores: el de la seguridad.

Sí, desde hace al menos dos décadas, el concepto de seguridad se ha ampliado y ya no se aplica solo a la seguridad física de las personas, instituciones o estados sino también a otros ámbitos. Así lo recoge el paradigma de la seguridad humana que propugnan y defienden la ONU, la UE y España. En efecto, España también recoge esa definición amplia de la seguridad - al menos, sobre el papel- y reconoce la necesidad de proteger ámbitos como la seguridad política, comunitaria o individual. No se nos escapa que del dicho al trecho hay muchos intereses de por medio y, si bien la seguridad alimentaria implicaría que todos los niños del país tuviesen acceso a una dieta básica con garantías, los mecanismos públicos no siempre llegan hasta donde sería necesario.

Una tarea difícil

Tampoco parece ser nuestro fuerte la seguridad económica, puesto que constantemente dependemos de listados de empresas extranjeras sobre primas de riesgo que no entendemos y nos hundimos ante una crisis económica global sin tener asegurados unos mínimos en todos los sectores productivos. Ya ven, proteger -o asegurar, en lenguaje del ámbito securitivo- todas las dimensiones de la vida humana que han sido reconocidas como importantes no es tarea sencilla ni de interés de todos. Ahora bien, si todas estas aristas de la seguridad son importantes, las que afectan a los derechos y garantías individuales, lo son quizá un poco más aún pues el individuo queda en una situación de vulnerabilidad enorme y no siempre visible socialmente.

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Retroceder o limitar los derechos y garantías ya adquiridos lapida todo aquello en lo que se ha avanzado como sociedad democrática, todo aquello que se ha asegurado para que pase al lado de lo intocable, lo que no dependerá del color del gobierno en Moncloa, lo que será indiscutible para la sociedad y de lo que todos seremos conscientes que debemos proteger.

Juzgar y condenar a raperos, tuits en su mayoría de un mismo color político, expresiones políticas no violentas o incluso obras de arte nos hace peores como sociedad y nos pone en situación vulnerable, menos fuertes, menos seguros. Ya que la seguridad parece mover mundos hoy en día, quizá haríamos bien en entender que no es solo el estar libres de ataques.