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ANÁLISIS

El 'mal-trato' del dolor

Carme Valls-Llobet

Los opiáceos enturbian la mente, hacen perder la memoria y embotan los sentimientos

Cualquier demanda que una mujer presente al sistema sanitario, por dolor o cualquier tipo de malestar, es más probable que reciba un ansiolítico, tranquilizante o antidepresivo que si fuera un hombre. 

Bernstein ya describió en 1991 que el 25% de las demandas de mujeres al sistema sanitario son consideradas como psicosomáticas. Pero probablemente falta una mejor atención biopsicosocial y mejores diagnósticos. Los psicofármacos constituyen los primeros fármacos que aumentan la factura farmacéutica en toda España, desde el 2013, y son recetados de media a un 23,8% de la población. De ellos, los ansiolíticos y sedantes son recetados al doble de mujeres que de hombres, y los antidepresivos son recetados cinco veces más a las mujeres. 

Una de las demandas más repetidas en primera consulta en atención primaria es la presencia de dolor en muy diversas manifestaciones. En su forma más crónica, se presenta como dolor muscular generalizado. Y este dolor presenta diferencias por sexo.

De forma diferente a hombres y mujeres

La primera conferencia para estudiar las diferencias de género y dolor la realizó el NIH de EEUU en abril de 1998, y desde entonces muchas investigaciones han intentado dilucidar la pregunta de por qué el dolor impacta de forma diferente a mujeres que a hombres.

Greenspan demuestra ya en el 2007 que las mujeres no presentan mayor sensibilidad al dolor, sino una mayor prevalencia de enfermedades, más de 40, que pueden producir dolor, y que son de predominio femenino, datos que confirma Fillingim en el 2009. Sin embargo, en lugar de iniciar un mejor diagnóstico de las causas, se tiende a atribuir el dolor a fibromialgia, y se trata con ansiolíticos, antidepresivos y derivados de los opioides. Pero este grupo de medicamentos aumentan la dependencia y producen un gran numero de reacciones adversas, especialmente somnolencia, mareos, náuseas y una gran inestabilidad. Aunque disminuye el dolor en los primeros momentos, se necesita progresivamente más dosis, y puedo motivar ingresos en urgencias. En Estados Unidos, los ingresos por el uso de opiodes unidos a somníferos aumentaron un 220%, siendo el ingreso de mujeres el 68% del total y se ha advertido de un incremento de mortalidad.

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Muchos fármacos tienen efectos diferentes entre mujeres y hombres debido a diferentes factores fisiológicos y moleculares existentes en función del sexo. Ya se observó la mayor dependencia de las benzodiazepinas en mujeres, y ocurre también con los opiodes. Como ya describe Wiesenfeld-Hallin en el 2005, con menos de la mitad de las dosis se logran en mujeres los mismos efectos que en los hombres y por el contrario se les administran dosis iguales. Por ello desde enero del 2013, la FDA obliga a que las farmacéuticas aconsejen reducir la dosis a la mitad en el caso de las mujeres, y que antes de ser recetados se valore el equilibrio entre riesgos y beneficios.

Como decía la poeta Juana Castro, «el cuerpo lleva escrita su historia» en los músculos, y articulaciones, y es inútil querer borrarla con opiáceos, que enturbian la mente, hacen perder la memoria, y embotan los sentimientos. Aceptemos que falta Ciencia de la Diferencias y trabajemos para su desarrollo, en vez de hacer callar las quejas con píldoras que aceleran la mortalidad y mal-tratan las verdaderas causas del dolor

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