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HOY JUEGAS

La árbitro de baloncesto Esperanza Mendoza.

Presencia, posición y pito

Miguel Ángel Maestro

"¡Pero hijo, quién te mando meterte a árbitro!"

Con discreción, acostumbra a sentarse en un lugar central de la grada. Lee un dominical mientras los dos equipos calientan allá abajo,  sobre el parquet de un pabellón que presenta esta mañana media entrada. Siempre presenta media entrada, porque la instalación, enorme, fruto de la fiebre de ladrillo y comisión, jamás se ha conseguido llenar. Cuando el árbitro abre el telón del partido con un sostenido do de pito, una caldera humana empieza a hervir. Gritos de ánimo a los de casa, contrarrestados por los rivales que, como visitantes, son menos pero ansiosos por amortizar con la victoria el viaje.

Aplausos o pitidos. Bronca. En lo que coinciden todos, eso sí,  es en acordarse de muy malas maneras de la madre -y también del padre- del chaval que arbitra y que se esfuerza, silbato en boca, por cumplir con las tres 'pes' del arbitraje: presencia, posición y pito.

Nuestro hombre mantiene la calma en medio del infernal zafarrancho. A veces el espectador de al lado le da con el codo: "Pero, ha visto usted, este c... de árbitro", a lo que el de atrás añade: "esta vez no era penal". "Es igual –replica el primero–, así la próxima se acordará y pitará a favor". Nuestro hombre calla. "¡Àrbit, burro, que no conoces ni a tu padre!", espeta un caballero que blande la hoja parroquial que el mosén le ha dado en misa de 12.

"Acelera un poco más..."

Cuando ya queda poco para el final, nuestro héroe se levanta y se va. Le miran con extrañeza. El resultado no le importa. Sale y acerca el coche al pabellón. Oye al fondo el pitido postrero. Muchos espectadores encaran hacia el bar, pero otros se apostan cerca de una de las puertas. Parece que esperan a alguien. Comentan algo del "caradura del árbitro...".  

El motor en marcha. Los seguros abiertos. "¡Pero hijo, quién te mandó meterte a árbitro!". Pone la primera y acelera. Suena en la radio una de Estopa ("chirrían las cuatro ruedas, vamos marcando el paso, vamos rompiendo el hielo. Acelera un poco más"). "A mamá no le diremos que tanta gente se ha acordado hoy de ella sin conocerla, ¿vale?".

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