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Al contrataque

Fèlix Millet y Jordi Montull, en el banquillo de los acusados.

FERRAN NADEU

Son muy listos

Antonio Franco

Demostrada judicialmente y corregida al alza la existencia del 3%, desde Convergència ahora explican un cuento chino rosa

Ha costado mucho llegar hasta el final del 'caso Palau'. Parecía una carrera de resistencia: ver si Fèlix Millet conseguía morirse de viejo antes de que llegase la sentencia. Eso lo habría dejado casi todo en el aire para alivio de los delincuentes. En muchos momentos con  dilaciones me pareció que nos llevaban a eso. Habría sido un último corte de mangas a los ciudadanos por parte de la amplia estructura corrupta, poderosa y sostenida que ha dominado este país durante la mayor parte de nuestras vidas.

 No deseo burlarme de Millet, pero reconozco que para mí encarna, junto a aquel predicador de la cultura del esfuerzo llamado Jordi Pujol, la falsedad y las grandes vergüenzas de una larguísima época y hasta que no vea un certificado médico que lo acredite ni siquiera creeré que necesita una silla de ruedas.

Un cuento chino rosa

El problema es que se ha aprovechado la sentencia del Palau para continuar insultando al sentido común de la gente. Demostrada judicialmente y corregida al alza la existencia del 3%,  desde Convergència ahora explican un cuento chino rosa. Dicen que el actual PDECat (las siglas donde se refugian los supervivientes de aquel partido-escándalo) no tiene nada que ver con ella. Ni siquiera en las responsabilidades políticas. Cuentan que aquel partido ya pagó todas sus responsabilidades al disolverse en el año 2016. No es verdad.

Sería cierto si en aquel momento hubiese confesado abiertamente lo hecho y que desaparecían por eso. Pero pasó otra cosa: perdieron elecciones, la gente dejó de votarles por diversas razones, los líderes continuaron negando haber cometido delitos -en realidad siguen negándolo hoy-  y decidieron maquillarse cambiando de nombreArtur Mas incluso intentó conservar las riendas. De catarsis, nada. Los echó la vida, no su propio arrepentimiento. Varios de sus líderes siguen en activo poniendo cara de falsos blanqueados.

La sentencia afecta a un caso que representa a toda una categoría pero no aclara los trasfondos.  De hecho perdona al corruptorFerrovial, siguiendo la tendencia de la justicia y la política española de proteger a los partidos, las entidades financieras y las grandes empresas en todas las causas en que los perjudicados son simples ciudadanos. Tampoco entra en la bicapitalidad -para eso, sí- Madrid y Barcelona en la corrupción.

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Es ilógico que el saqueo en Catalunya no fuese detectados por la muy controladora Madrid, dando pábulo a la teoría de que los dos lados no querían entrar de verdad en la corrupción de la acera de enfrente. Vimos algo de eso en el final del 'caso Banca Catalana', frenado probablemente en aras de mantener la cohesión del Estado. De hecho, muchos españoles creen que hasta lo de la independencia se ha mantenido la cohesión cómplice entre las dos sedes de aquella bicapitalidad.

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