Opinión | Ideas
Miqui Otero
Temazo rumbero de DJ Francisco Franco

zentauroepp41612997 barcelona 15 01 2018 murales dedicados a la rumba catalana e180117113500 / FERRAN NADEU
Hasta hace poco mi ciudad lucía estatuas de los que llevaron esclavos a Cuba, pero no de los que convirtieron el ritmo loco de la isla en fanfarria autóctona. Resultaba curioso, por ejemplo, que Antonio López y López, negrero de las Américas, dominara el cruce de Paseo Colom con Laietana, vía que financió. El ayuntamiento anunció hace unos meses su retirada, porque quizá entendió que sobran estatuas de los que pagan las calles y faltan homenajes a los que jugaron en ellas de niños y las honraron de adultos.
Por eso el sábado peregriné hacia las dos esculturas dedicadas a la rumba catalana que desde hace unos días festonean esquinas de la calle de la Cera, el lugar donde nació. De camino hacia un bar de Parlament para celebrar la justicia poética, me crucé con Jordi Ragna. Toparse con Dj Ragnampiza justo después de visitar un monumento en honor a Peret y compañía es lo más parecido a encontrarte a San Pedro en persona después de ver a Jesucristo en el pantocrátor de Taüll. Ragna esparcía la palabra rumbera desde el Poble Sec preolímpico cuando sus ritmos se asociaban a un pasado porrompompero, cuando nadie decía que la rumba es el único estilo musical genuinamente barcelonés.
El dictador pinchaba los éxitos del momento reinterpretando las letras con intenciones picaronas
Entre Estrella y recuerdo de estrella, me explicó que una vez Peret le había chivado que Francisco Franco era 'disc-jockey'. Sí, ese dictador de vocecilla gangosa y rutinaria, del que la esposa de Eisenhower dice en la novela 'Doble Dos' que "en Estados Unidos no hubiera conseguido ni vender una lavadora", se venía arriba en algunas fiestas privadas y pinchaba los éxitos del momento, pero reinterpretando las letras con intenciones picantonas. Cantando chascarrillos verdes con su voz aflautada, de pitufo makinero (imagino a un Torcuato sudoroso enseñándole un "¡Temazo!" garabateado en la hoja de un misal).
Por muchas cosas, también por anécdotas como esta, Ragna, mánager y amigo de Peret, es la rumba. Y eso es lo mismo que decir que es Barcelona. Una Barcelona humilde pero rica, de callejones con vistas, poderosa sin tiranía, sabia sin presunción, bullanguera y talentosa, de todos pero muy suya, ventilada pero no vendida, muerta y viva y resucitada.
Cuando Barcelona olvida la rumba, pierde el rumbo. Brindar por todo lo que representa es buscarte el pulso para descubrir el ritmo.
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