22 feb 2020

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EL NUEVO ESCENARIO POLÍTICO CATALÁN

Carles Puigdemont, en Bruselas.

ACN

Ludopatía política

Josep Martí Blanch

Un acta de eurodiputado en el 2019 daría más rendimiento político a Carles Puigdemont que un cautiverio inevitable caso de volver a Catalunya

Viernes 8 de enero del 2016. A punto de extinguirse el plazo estatutario para investir 'president' de la Generalitat y poner en marcha el mecanismo automático de repetición de las elecciones. El reloj acelera. Ahora o nunca. Horas después, sábado por la mañana, las redes amanecen con un nuevo nombre propio sobre la mesa: Carles Puigdemont. Cuando ya nadie lo esperaba, Artur Mas cede y el hasta entonces alcalde de Girona se convierte en el 130º 'president' de Catalunya.

Vamos por el mismo camino. Solo falta determinar si en esta ocasión los tiempos también se apurarán al máximo. Igual que aconteció con Artur Mas, Carles Puigdemont verá como poco a poco se amplía el perímetro de personas que suben al barco de los que consideran su presidencia imposible y abrazan el escenario posibilista en detrimento del legitimismo simbólico.  

La prioridad de internalización del conflicto catalán que Puigdemont ha fijado como objetivo está más garantizada manteniendo su residencia en Bruselas

Riesgos personales y colectivos

Cierto que solo él (y los letrados del Parlament, en palabras de ERC) tendrán la última palabra. Nadie hará posicionamientos públicos lo suficientemente explícitos que conlleven aparejado el riesgo de ser etiquetado como traidor al líder. Pero es muy probable que Carles Puigdemont, calendario en mano, acabe siendo consciente (con toda seguridad lo es ya en estos momentos) de todos los riesgos que comporta enrocarse hasta el punto de bloquear la formación de gobierno. 

Riesgos personales: el cartucho de "si queréis que vuelva el 'president', votad al 'president'" está gastado (y podría no funcionar en unos nuevos comicios); y colectivos: poner en riesgo una mayoría absoluta que es agua de mayo para la estrategia de resistencia soberanista y aplazamiento innecesario de la vigencia del artículo 155 que mantiene en manos de poderes no avalados por las urnas las instituciones catalanas.

La prioridad de internacionalización del conflicto catalán que él ha fijado como objetivo está más garantizada manteniendo su residencia en Bruselas. En junio de 2019 habrá elecciones europeas y, si sus derechos políticos siguen en pie, encabezar una lista electoral le daría un acta de eurodiputado que le otorgaría más rédito y rendimiento político que un cautiverio inevitable caso de volver a Catalunya. Sería también una manera de generar un fuerte impacto soberanista en la agenda política de las elecciones municipales, que serán el mismo día. 

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Soplos de 'realpolitik'

Del otro lado, insistir en ideas como que España no puede permitir el encarcelamiento de un 'president' de la Generalitat o que Europa no puede tolerar la cárcel para quien ha ganado unas elecciones es seguir apostando por la construcción de castillos en el aire que se derrumban con el primer soplo de 'realpolitik'. Por eso, abanderar un escenario de nuevas elecciones en Catalunya equivale en el fondo a un para que se joda mi capitán no como rancho. Toda vez que contradice las conclusiones a las que, más tarde de lo que debieron, han llegado la mayoría de líderes del soberanismo, sean de ERC, PDECat o independientes: falta tiempo, paciencia y gente. Toda acción que conlleve dinamitar este nuevo consenso situaría la acción política de los próximos meses en el terreno de la ludopatía política. Jugar por jugar, jugar sin posibilidad de ganar, solo para seguir perdiendo.