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MIRADOR

Corruptos, corruptores y patriotas

Luis Mauri

Hay en el cenagal de la corrupción política una paradoja similar a la del huevo y la gallina: ¿Qué fue antes, el corrupto o el corruptor?


Hay en el cenagal de la corrupción política una paradoja similar a la del huevo y la gallina. ¿Qué fue antes, el corrupto o el corruptor? ¿Tomó la iniciativa el político y exigió una mordida a cambio de un contrato público? ¿Fue el contratista quien se adelantó y ofreció el soborno al representante público?

La paradoja parece insoluble en términos generales. De cualquier manera, ambos actores delinquen contra la sociedad. La opinión pública suele ser más tolerante con los corruptores que con los corruptos, seguramente porque el servidor público (el corrupto) tiene un compromiso político y moral explícito con la sociedad a la que defrauda. El contratista privado (el corruptor) carece de este vínculo político con la ciudadanía, aunque no de responsabilidad penal.

Con una demora digna de alarma social (casi nueve años hay entre el estallido del escándalo y las condenas), la justicia acaba de dictar sentencia por el expolio del Palau de la Música y las mordidas cobradas por Convergència (CDC), el partido de Jordi Pujol Artur Mas, y también de Carles Puigdemont, a cambio de contratos de obras públicas firmados por los gobiernos de Pujol.

Matriz del PDECat y de JxCat

CDC, la matriz del PDECat y de JxCat, ha sido condenada a devolver 6,6 millones de euros cobrados en concepto de comisiones ilegales a través de la tapadera del Palau de la Música. Daniel Osàcar, extesorero de CDC, ha recibido una pena de prisión por el mismo delito. También cargan con penas de cárcel Fèlix Millet, Jordi Montull y la hija de este último, Gemma, por el saqueo de 23 millones del Palau.

Este es el castigo de los corruptos. Pero, ¿y los corruptores? ¿Aparece en la sentencia Ferrovial, la constructora que pagó sobornos para conseguir contratos? Aparece. Pero solo para certificar que dos de sus exdirectivos cometieron tráfico de influencias y, a continuación, exonerarlos porque ese delito había prescrito a causa de la lentitud de la instrucción judicial. La escandalosa y endémica demora de la justicia, sea por negligencia o por falta de recursos, ha impedido que se haga justicia. Al menos, justicia completa.

Un clásico inglés

Patriotas, pone en el título de este artículo. Pasqual Maragall se quedó corto cuando denunció en el Parlament que Convergència exigía  una mordida del 3% por las obras públicas que concedía cuando gobernaba la Generalitat, con Pujol como president y Mas como conseller de Obres Públiques, de Economia i Finances y conseller en cap, sucesivamente. El expresident socialista se quedó corto: la sentencia constata que no era el 3%, sino el 4%.

¿Recuerdan cuál fue la reacción de Mas cuando Maragall denunció las mordidas? Replicó Mas en el Parlament a Maragall: retire de inmediato esa acusación u olvídese del nuevo Estatut. Una buena medida del patriotismo tantas veces invocado en vano. El clásico inglés Samuel Johnson no pierde vigencia con los siglos: «El patriotismo es el último refugio de los canallas».
 

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