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Un conflicto sin salida

Oriente Próximo, vuelta a la casilla cero

Pere Vilanova

Algunos analistas consideran inevitable un nuevo y joven liderazgo palestino que abogue por un Estado binacional con Israel

En mayo se cumplirá el 70 aniversario de la partición de la Palestina histórica que dio pie a la proclamación del Estado de Israel, y muchos especialistas consideran esta fecha como decisiva a la hora de identificar el núcleo duro del conflicto en su versión actual. Lo es, pero la cosa no es tan simple.   

Hay que recordar, en primer lugar, que el punto de partida estructural se sitúa en el hecho de que el Imperio Otomano controló y administró Oriente Próximo más de cuatro siglos. Los actuales Irak, Siria, Jordania y Líbano son el producto de cómo los vencedores de la Primera Guerra Mundial, y la llamada Sociedad de Naciones, gestionaron el desmantelamiento de ese imperio, que quedó en el bando derrotado de aquella contienda. Sociedad de Naciones encomendó Francia y Gran Bretaña el acompañamiento de aquellos territorios árabes administrados por Estambul al acceso a la condición de Estados. Así ocurrió entre 1922 y 1943.

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    Todos los citados, cuando se fundó la ONU en 1945, ingresaron como estados miembro de pleno derecho en la organización. Todos, menos Palestina. Los británicos no tuvieron tanta prisa, como con Irak y Jordania (entonces Transjordania), y favorecieron de modo imprudente e interesado la inmigración judía desde 1902, y prometieron mediante la llamada declaración Balfour el establecimiento de un «hogar nacional judío» en Palestina, sin ninguna precaución para las poblaciones árabes allí establecidas. Además, en 1947, anunciaron que el 15 de mayo de 1948 se iban de Palestina, dejando el asunto en manos de la ONU, que mandó de urgencia una misión exploratoria a la zona, la Misión Peel.

Después de seis guerras y dos intifadas, solo tenemos resoluciones de Naciones Unidas que veta EEUU

    Esta delegación volvió y dijo poder presentar solo dos propuestas. Una mala y otra peor. La mala era partir el territorio sobre criterios tan simplistas como cargados de dinamita, una supuesta mayoría demográfica territorial para cada mitad, árabes y judíos. La solución peor era crear un Estado binacional en el que supuestamente iban a convivir unos y otros sin problema, excepto que los estallidos de violencia intercomunitaria habían ido en aumento en 1926, 1929, 1936 y hasta 1947. La parte judía entendió la oportunidad y aceptó el plan de partición. La palestina no tuvo oportunidad de hacerlo, entre otras razones porque en nombre del supuesto principio de la unidad de la nación árabe, los estados árabes circundantes optaron por la solución de la fuerza, una vez constatado que Naciones Unidas no iba a apartarse de su fórmula de partición.

Seis guerras y dos intifadas más tarde, el resultado está a la vista y tres generaciones de refugiados palestinos más tarde, ¿qué se puede hacer? Resoluciones en Naciones Unidas para que las vete EEUU. No hay ningún proceso de paz en curso y algunos analistas consideran inevitable una paradoja: un liderazgo palestino (nuevo, joven y que además parezca nuevo y joven) que opte quizá por la renuncia al Estado Palestino y la vuelta al Estado binacional. Y a ver qué haría Israel, pero esto dará para muchos artículos más. 

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