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Análisis

Oriol Junqueras, en una imagen de archivo.

Esperando a Junqueras

Astrid Barrio

A pesar de la derrota de ERC ante JxCat, el líder republicano puede acabar de 'president'


Los resultados de las elecciones del 21-D han supuesto un duro golpe para ERC. Desde que en las europeas del 2014 superase por vez primera a CDC todas las encuestas pronosticaban que los republicanos iban a sustituir a los convergentes (y a sus sucesores) como primera fuerza del soberanismo.Y esas buenas expectativas se veían reforzadas porque el PDECat no contaba con un candidato claro dado que Puigdemont había renunciado  a volverse a presentar.

Poco esperaba ERC que tras la declaración de independencia y que tras su huida, Puigdemont decidiese presentarse liderando la oposición a la aplicación del artículo 155 y personificando la continuidad institucional.  Y de poco le valió que Junqueras decidiese asumir la responsabilidad de sus actos en vez de huir a Bélgica y  que acabase en prisión y sin poder hacer campaña, ni siquiera virtualmente. Porque finalmente y por sorpresa, como CiU en 1980,  Junts per Catalunya ganó las elecciones alterando por completo el escenario en el que pensaba moverse ERC, incluso con Junqueras en la cárcel.  

El plan de los republicanos,  que pasaba por liderar cualquier opción de gobierno, desde uno soberanista a uno mixto siempre teniendo al PDECat en una posición subordinada, quedó desmantelado desde el momento en que JxCat quedó en primer puesto y se reeditó la mayoría soberanista. Pero, sobre todo porque Puigdemont se comprometió a volver a Catalunya en caso de ganar las elecciones con el objetivo de ser restituido como presidente.  Pero resulta que incumpliendo su promesa electoral –o directamente mintiendo porque ninguna de las condiciones en las hizo su promesa se han visto alteradas–Puigdemont ha decidido no regresar a menos que se le den garantías, es decir privilegios,  algo inaudito en el marco de un  Estado de derecho. 

 Y dado que, a pesar de las propuestas imaginativas,  no puede ser investido presidente a distancia y de que el argumento que ha esgrimido JxCat es el legitimismo, una vez descartado Puigdemont por su comprensible temor a volver y a ser encarcelado, el candidato legítimo, atendiendo al orden jerárquico del gobierno cesado no puede ser otro que Junqueras.  

El Tribunal Supremo debe decidir si se le levanta la prisión provisional y puede abandonar la prisión de Estremera y aunque las previsiones no sean muy halagüeñas, incluso estando en prisión su situación procesal es infinitamente mejor que la de Puigdemont y puede ser investido presidente. 

 Paradoja final

Por lo que al final, la paradoja de esta absurda historia es que a pesar de la derrota de ERC y de la victoria de Junts per Catalunya, el irresponsable comportamiento de Puigdemont puede acabar comportando que la opción Junqueras, lo que se ha dado en llamar el plan B,  no acabe siendo más que el plan inicial  de ERC. Al fin y al cabo, aunque no haya ganado las elecciones su candidato sí puede ser presidente y su partido, teniendo en cuenta la heterogeneidad de Junts per Catalunya y la ausencia del PDECat, es el que más diputados tiene. Toda una tragicomedia en dos actos