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Tras el 21-D

Electores votando, el 21-D, en el centro cívico de La Sedeta, en Barcelona.

JORDI COTRINA

Victorias que no garantizan gobiernos

Argelia Queralt

La división continúa y alguien deberá empezar a ceder y ofrecer alternativas razonables

Nuevas elecciones sin grandes cambios entre los dos bloques: el independentista y el constitucionalista. Como siempre cada cual hace su lectura, más o menos triunfalista o, como ha hecho el PP, arrastrando a los demás a la propia derrota.

En todo caso, hay una serie de elementos destacables. Por una parte, lo inédito de la victoria en escaños y votos de Ciudadanos: por primera vez en Catalunya una fuerza de centro derecha no nacionalista catalán, aunque con su origen en la izquierda, ha ganado las elecciones. Por otra, el partido del President ha quedado en segunda posición pese a la continuada movilización de sus seguidores. ERC, en cambio, pese a haber sufrido con mayor dureza las consecuencias de las imputaciones de sus líderes (Junqueras sigue en prisión preventiva) se queda en tercer lugar.

En todo caso, ni el bloque constitucionalista ni el independentista han conseguido mayorías suficientemente amplias que les permitan saberse ganadores. El bloque constitucionalista (C’s, PSC y PP) no ha convencido mucho más de lo que hizo en las elecciones de 2015 aunque ha subido más de 200000 votos, gracias a la alta participación. Esto, sin embargo, no parece que vaya a permitir un gobierno liderado por Arrimadas al frente de los constitucionalistas. El  independentismo (JxCat, ERC y las CUP) solo han subido unos 100000 votos, pese a la alta participación. En este caso, pese a que aritméticamente estos tres grupos suman en escaños la mayoría absoluta del Parlament, las opciones para poder coincidir en una candidatura común o apoyar un gobierno común no parece tarea fácil. Este bloque se enfrenta a una situación jurídica y política compleja derivada de la prisión preventiva actual de algunos candidatos electos, de la situación de prófugos de otros, y de la situación de investigados de algunos más. Además, empiezan a ponerse de manifiesto relevantes diferencias en cuanto a la estrategia a seguir y a la fijación de las prioridades políticas de la nueva presidencia. ERC parece estar dispuesta a formar gobierno con JxCat y las CUP. Sin embargo, el PDCat manifestaba su deseo de reeditar una coalición de gobierno con ERC pero no con las CUP. Y ello porque Marta Pascal ha reivindicado la centralidad política de la que siempre había hecho gala Convergència. Esto no casa con un partido que quiere volver a la unilateralidad y al “restablecimiento” de la República. Dicho sea de paso, tampoco casa mucho con la pretensión de Puigdemont de ser reinvestido como President por no reconocer la legitimidad de su cese en aplicación del art. 155 CE; esta postura no es muy coherente con la idea de recuperar la centralidad.

Sea como fuere, la división en Catalunya continua. Alguien deberá empezar a ceder y a ofrecer alternativas razonables, y entender que ni los electores de un lado son unos nacionalistas españoles ni los electores del otro son unos abducidos. Y, en todo caso, todos, cada uno de nosotros, necesitamos que en Catalunya se restablezca la política y las políticas.