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EDITORIAL

La sanidad pública catalana, en urgencias

El Govern que salga del 21-D debe revertir un colapso que hace que más de 170.000 pacientes esperen una intervención quirúrgica programada

Un quirófano de un hospital del Institut Català de la Salut (ICS). 

Un quirófano de un hospital del Institut Català de la Salut (ICS).  / JOAN CORTADELLAS

Los drásticos recortes en sanidad de hace siete años (1.500 millones de euros de presupuesto que nunca se han recuperado) no han hecho sino acrecentar en todo este tiempo la crisis de una situación que se explica con algunos datos escalofriantes. La propia web del Servei Català de la Salut reconoce que, a finales de octubre, más de 170.000 personas esperaban una intervención quirúrgica programada. De ellas, 6.700 llevan más de un año esperando. Y hay, por ejemplo, más de 700 pacientes que llevan dos años sin ser atendidos por el cardiólogo que necesitan.

El término colapso no es exagerado al hablar de la sanidad pública catalana, y se da en tres escenarios. Las listas de espera quirúrgicas, las citas para un especialista y las pruebas diagnósticas. En el primer caso, la promesa del exconseller Toni Comín se cifraba en reducir en un 10% las demoras. En los restantes, el plan preveía una reducción del 50%. La realidad es muy distinta. No solo no se han rebajado las esperas de intervenciones no urgentes sino que han aumentado en un 3,4%. En cuanto a los especialistas y a las pruebas requeridas, el 19-20% de reducción no se corresponde a las perspectivas optimistas que prometían la estabilización. 

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Más allá de las cifras, se advierte en el entorno de la sanidad una alarmante situación, expresada en los entornos hospitalarios y de los CAP, que ha sido denunciada, entre otros, por la comisionada de Salut del Ayuntamiento de Barcelona y que conviene revertir de manera inmediata. Las propuestas de aprovechar el verano para practicar una especie de aceleración del sistema fracasaron y ahora nos hallamos, además, ante la perspectiva de la recurrente epidemia de gripe invernal que no hará sino tensar aun más el sistema. 

El esfuerzo personal del colectivo médico y asistencial ha logrado, hasta ahora, que la sanidad no entre en barrena, pero la acumulación de responsabilidades por encima de las posibilidades de los profesionales sanitarios está llegando al límite. La crisis se cebó lamentablemente en uno de los pilares del Estado del bienestar y los efectos de esos recortes, que se parchearon en parte y de forma precaria, solo podrán frenarse con una decidida intervención. El Govern que salga de las urnas del 21-D, sea cual sea su adscripción ideológica, debe entender que la sanidad exige y reclama soluciones urgentes.

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