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OPINIÓN

Éxito con el rondo extraviado

Albert Guasch

Guillermo Amor Jose Mari Bakero reflexionaban este fin de semana en las páginas de este diario sobre los beneficios que ha aportado al juego del Barça el ejercicio del rondo, aquella sublimación del toque y la posesión tan presente en las sesiones de entrenamiento de la era de Johan Cruyff (y en adelante) y que tanta incomprensión despertó en su día entre los partidarios radicales del esfuerzo pulmonar. La entidad azulgrana dedicó un simbólico homenaje esta pasada semana a un método vitamínico, por las muchas propiedades que aporta al llamado adn del fútbol azulgrana. El sonido del balón en fulgurante circulación retumba aún a diario por las praderas de la Ciutat Esportiva, en la puesta a punto de los más pequeños y los más profesionales.

Resulta apropiado que el tributo fuera esencialmente simbólico. Visto desde la perspectiva del primer equipo, el rondo que se practica en los entrenamientos encuentra limitada traslación hoy día en el equipo que instruye Ernesto Valverde. El rondo se visualiza vestido de azul, por ejemplo en el primer gol que el Manchester City anotó al Leicester el sábado. Vale la pena buscarlo por youtube. Bastante menos en el Barça actual, pese a la población de centrocampistas de los últimos partidos. Ya quedó en desuso la temporada del tridente con Luis Enrique por razones obvias.

Valverde ostenta unas estadísticas de resultados tan abrumadoras que suena destemplado reclamar una mayor expresividad de nada. Ganar en las condiciones que se ha encontrado (la fuga del brasileño veleidoso, la lesión del elegido) y encima poner tanta tierra de por medio con los equipos madrileños invitan a desechar cualquier tipo de dogmatismo. La efectividad es colectiva, la plasticidad es más individual. Así fluyen los puntos hacia el contador. La fiesta ya no es circular. Es más directa. Pero hay fiesta. Entre tanto, Zidane las ve cuadradas. Ronda el desastre. Necesita con urgencia una solución sublime.

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