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La electrólisis del independentismo

Luis Mauri

Debajo de la DUI no había nada, salvo propaganda y dolor. El dolor económico, social y político infligido ya al país

Esta historia es completamente verídica. El muchacho tenía 13 años. Le apasionaba la química, la única asignatura de ciencias que le atraía. El profesor había explicado en clase la electrólisis y la habían practicado en el laboratorio. Al chico le fascinaba ver cómo la electricidad separaba el oxígeno y el hidrógeno del agua o cómo disociaba el sodio y el cloro de una solución salina. Terminada la práctica, el profesor lo repitió hasta tres veces: no se os ocurra hacer esto en casa, con la corriente alterna de los hogares no funciona y podéis causar un accidente grave, esto requiere corriente continua.

La mañana del domingo siguiente, el muchacho se quedó solo en casa mientras sus padres y su hermano salían a dar un paseo. Él pretextó que debía terminar una tarea escolar. Pero hacía varios días que había planeado concienzudamente lo que iba a hacer aquella mañana. Había escuchado la advertencia del profesor, pero no podía resistirse a obrar aquel milagro él solo. Además, seguro que el profe exageraba con las precauciones.

Fogonazo y estampido

Disolvió unos puñados de sal en una palangana con agua, fabricó dos electrodos con sendas pinzas del pelo de su madre, los sumergió en la solución salina y los conectó a la corriente.

¡Flash! ¡Zas!  El fogonazo y el estampido lo dejaron sin respiración. Estremecido, el aturdimiento inicial mutó en horror cuando comprobó que se había cargado la instalación eléctrica. Cuando sus padres regresaron, el chaval intentó exculparse y disimular las causas del estropicio. No me di cuenta de, no sabía que, era un encargo de, no me habían advertido de que, la culpa es de.

Salvando todas las distancias, que son abismales y siempre ventajosas para aquel chaval en estado iniciático, así pretenden sacarse las pulgas de encima un número creciente de dirigentes independentistas. Así que esto era todo. Un error de cálculo. Una línea mal trazada en el plano. Un signo aritmético emborronado en la ecuación. Un no me di cuenta de. Un yo no sabía que. Un la culpa es de. Sobre todo esto, la culpa es de. Del Estado, que no se deja. De Europa, que no tiene alma. Del capital, que no tiene patria.

La DUI estaba desnuda

Durante mucho tiempo, todo aquel que ha negado o puesto en duda la pretensión de imponer unilateralmente la independencia de Catalunya ha sido tachado de botifler, traidor, colaboracionista, fascista. ¡Fascista! Frente a estos detritos se alzaban los puros, los únicos demócratas, los apóstoles de la Fe Única y Verdadera. Porque todo estaba listo, predestinado. El control del territorio estaba asegurado, también el de la hacienda pública. Las demás estructuras de estado, a punto. España solo podría patalear. Europa esperaba con impaciencia y los brazos abiertos el nuevo estado. El capital, también.

Todo era falso. Muchos de sus promotores lo admitían en privado. La DUI estaba desnuda. Un fiasco. Debajo no había nada, salvo propaganda y, sobre todo, dolor. El dolor económico, social y político infligido ya al país. Es inteligente, y necesario, admitir el error para progresar. Pero apostillar la contrición con un yo no sabía que, la culpa es de, guarda más relación con el acné de la adolescencia que con la responsabilidad que se le supone a quienes han regido un país y aspiran a repetir.

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