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Elecciones catalanas

El Palau de la Generalitat.

JORDI COTRINA

La república y el exilio interior

Sílvia Cóppulo

El soberanismo debe concentrar fuerzas y pedir el voto a la población el 21-D


Mariano Rajoy ha convocado elecciones catalanas el 21 de diciembre. Nadie duda de que habrá urnas y que millones de personas depositarán su voto. El Estado español, nos guste o no, tiene capacidad sobrada para organizarlas. De nada sirve ahora afirmar que con el 155 se pretende arrasar el autogobierno. Es sobrero. Y aunque en la práctica administrar Catalunya desde la Moncloa sea muy difícil, a 50 días de los comicios no parece relevante si los consellers ocupan o no sus despachos.

La fuerza de la razón, como dijo Puigdemont, le asiste, pero si el soberanismo no es capaz de concentrar sus fuerzas para pedir el voto a la población estará entregando la primera institución del país. Inés Arrimadas podría ser la presidenta, o bien Miquel Iceta, parlamentario brillante. El unionismo suma sus fuerzas, y de nada sirve recordar que el PP es corrupto o una fuerza residual en Catalunya. El Gobierno español ejerce el poder absolutamente y, avisado por Europa, ahora lo hace sin recurrir a la violencia del 1 de octubre.

Entender la dura realidad

La independencia se ha declarado obedeciendo el mandato de un referéndum defendido físicamente por la gente. Pero para pasar de una declaración a una implementación se necesita mucho más. Según el sumario abierto en el juzgado número 13, Lluís Salvadó, entonces secretario de Hisenda de la Generalitat, admitía en privado en agosto pasado que, en materia económica, los preparativos estaban «muy verdes» y no estarían listos para octubre. Además de recaudar los impuestos, el expresident Artur Mas concretaba en el Finantial Times que se necesita el control de las infraestructuras y las aduanas, y una administración de justicia que haga cumplir las leyes que emanen del Parlament de Catalunya, para disponer de una independencia real.

Si el soberanismo aumenta su fuerza en las elecciones catalanas –llámense constituyentes o autonómicas– del 21-D, podrá avanzar hacia un nuevo Estado. Pero si no es capaz de entender la realidad actual por dura que sea, la república habrá entrado en su exilio interior. 
 

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