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Catalunya y el artículo 155

Cuidado con la suspensión

Cuidado con la suspensión

Albert Branchadell

Otro error como el 1-0 puede llevarse por delante la Constitución


Aunque sea con fecha de caducidad (21 de diciembre), el Gobierno español ha suspendido la autonomía de Catalunya al disolver el Parlament y destituir al president Puigdemont y a todo su Govern. ¿Servirá para restablecer la normalidad? Nadie lo sabe. ¿Qué nos dicen los precedentes de suspensión de autonomías en Europa?

Sin duda, la autonomía más veces suspendida es la de Irlanda del Norte. Después de cuatro suspensiones anteriores (la más larga entre el 2002 y el 2007), ahora mismo la autonomía norirlandesa lleva meses suspendida. La principal diferencia entre Irlanda del Norte y Catalunya es clara: en el 2002 el Gobierno de Stormont no fue destituido por Tony Blair, sino que más bien se desmembró solo, y en la presente suspensión ni siquiera había Gobierno para destituir: la suspensión se debió a la falta de acuerdo entre los nacionalistas irlandeses del Sinn Fein y los partidos unionistas. (Tómese debida nota: cuando hay Gobierno autónomo, en Irlanda del Norte gobiernan juntos unionistas e independentistas).

El caso de Kosovo 

Dada la poca utilidad del precedente, es necesario buscar algo más parecido en la historia reciente de Europa. Durante un tiempo el soberanismo catalán gustaba de citar el caso de Kosovo, donde en el 2008 se aprobó una declaración unilateral de independencia que, según el Tribunal Internacional de Justicia, no es contraria al derecho internacional. Esta parte de la historia kosovar tampoco sirve: cuando se aprobó la declaración, Kosovo ya llevaba nueve años como protectorado de la ONU, con un informe del enviado especial Martti Ahtisaari sobre la mesa que recomendaba su independencia. La parte de la historia kosovar que sí interesa es anterior. Aunque el relato habitual sitúa el inicio del desmembramiento de la antigua Yugoslavia en la independencia de Eslovenia de 1991, muchos expertos sitúan el verdadero pistoletazo de salida en la abolición de la autonomía de Kosovo (y Voivodina) en 1989. Según Dragan Djukanovic, del Instituto de Política y Economía Internacional, por poner un ejemplo, la abolición de esas dos autonomías señaló el fin del consenso sobre el federalismo yugoslavo alcanzado entre las élites políticas en la Constitución de 1974. En Kosovo se desencadenó una secuencia de movilización con grandes huelgas mineras (se habló incluso de intifada albanesa), oleadas de represión, la erección de instituciones de autogobierno clandestinas, el surgimiento de la lucha armada, el estallido de una guerra y el bombardeo de la OTAN que abrió las puertas al protectorado internacional y una independencia ya reconocida por 111 países. La secuencia no se repetirá en Catalunya, pero salvando las distancias (la España de 2017 no es el Estado postotalitario que era Serbia en los años 90), sí hay una lección kosovar para el caso catalán. Suspender la autonomía es una operación con mucho riesgo: si se hace tan mal como la operación policial del 1-O se puede llevar por delante la Constitución de 1978 y a España entera tal como la hemos conocido hasta ahora. 

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