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El pulso independentista

La duración e intensidad de la tensión en Catalunya está haciendo mella en nuestros cuerpos y mentes

Muchos son los aspectos que influyen en la salud global de las personas. Además de las condiciones personales –económicas, nutricionales, genéticas...–, entre otras, una de las más determinantes en el mantenimiento o deterioro de la salud es el estado de la comunidad en la que nos relacionamos y convivimos. 

Actualmente la comunidad no es solo la real, la de las personas que nos acompañan –familia, amistades, compañeros de trabajo, conocidos...–, sino también la virtual. Y en esta comunidad virtual, ya sea Facebook, TwitterWhatsAppInstagrame-mails o periódicos digitales, las informaciones y contrainformaciones se suceden día y noche a una velocidad vertiginosa. 

En Catalunya, comunidad de todas las personas que viven en ella, en los últimos años y por razones políticas el ambiente se ha agitado y las informaciones, sean analógicas o digitales, han reflejado y reflejan esta agitación. Informaciones contradictorias, informaciones polarizadas entre el blanco y el negro, sin matices, informaciones que anuncian la gloria o el desastre infernal, descalificaciones e insultos, abucheos orales o escritos, incapacidad de escuchar al que no piensa como nosotros...

Estos hechos provocan la liberación de sustancias estresantes en nuestros cerebros y estados emocionales alterados. En las consultas médicas y psicológicas ha aumentado el número de pacientes con ansiedad, dificultades para dormir, molestias digestivas funcionales, estados de fatiga física y emocional... Las personas se sienten tristes y desconcertadas por un futuro incierto y relacionan claramente esta sintomatología con el momento actual, social y político, que vivimos en Catalunya y España. 

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La mayoría de nosotros vivimos, desde hace un tiempo, pendientes de días que serán históricos y que pasan, para dar lugar a otros días que también serán históricos. Vivimos en un estado de tensión permanente que parece no llegar nunca a ninguna resolución, a ninguna relajación. Por la duración y la intensidad de los acontecimientos, se trata de una situación difícil de soportar tanto para nuestro cuerpo como para nuestra mente.

Desde estas líneas, las mujeres que firmamos pedimos calma, empatía, tranquilidad, reflexión y un uso responsable y constructivo de la palabra.  Y se lo pedimos, sobre todo, a los responsables políticos, a los líderes de opinión, a los profesionales de los medios de comunicación, pero también a aquellas personas que se expresan a través de las redes sociales

A los principales actores de este uso indiscriminado de la violencia verbal, queremos advertirles de que la salud de nuestra comunidad está empezando a resentirse seriamente. Para revertir los efectos de este proceso nos hará falta mucho más tiempo del invertido en generarlo.

¡Pedimos una tregua! Bandera blanca para recomponernos como personas y como comunidad y para hallar el camino de salida.

Firmamos un grupo de mujeres profesionales y académicas con la preocupación común de hacernos oír para promover el diálogo y el cuidado de las personas en esta situación de conflicto. 

Suscriben también el artículo Gemma Lienas  Massot, escritora. Marina Subirats Martori, socióloga. Margot Pascual Izuel, periodista. Sara Berbel Sánchez, psicóloga. Argelia Queralt Jiménez, profesora de Derecho constitucional. Ana Macpherson Mayol, periodista. Marta Marín-Domine, profesora de literatura. Silvia Bel Fransi , escritora. Blanca de Gispert Uriach , médico. Núria Tuset Zamora , historiadora. Isabel Sánchez Zaplana, enfermera, profesora (UB).