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IDEAS

Desig sota els oms, dirigido por Joan Ollé en el TNC.

David Ruano

Teatro y resistencia

Xavier Bru de Sala

El jueves pasado, en el estreno del magnífico conflicto de intereses y sentimientos que es 'Desig sota els oms', tan bien pautado por Joan Ollé, varios políticos nada habituales, partidarios fervientes y supuestos beneficiarios o administradores del 155, examinaban el TNC como si ya fueran sus dueños. De llegar a perpetrar la ocupación convertirán los equipamientos culturales en escaparates vistosos pero inocuos y dejarán el sector privado aún más a la intemperie. Quizás echarán a Xavier Albertí, que está consolidando el TNC como templo de la cultura. Tal vez, en el mejor de los casos, volverán a llamar a Sergi Belbel, que lo consolidó como el digno paradigma de entretenimiento para 'tietes nostrades' en que se convirtió cuando Josep Maria Flotats fue defenestrado.

Si de algo puede enorgullecerse la cultura de nuestros días es de la programación teatral. Sin fisuras ni excepciones, Barcelona produce un teatro de alta intensidad, a cargo de profesionales y artistas muy bien preparados. Los que todavía se hacían el loco ya tocan hueso. Es previsible pues que, en el peor de los escenarios, el teatro vuelva a ser la punta de lanza de la resistencia cultural, sobre todo si aquellos que en estas semanas lo han preterido cierran de una vez el fatídico paréntesis.

Quizá echarán a Xavier Albertí del TNC. Tal vez, en el mejor de los casos, vuelvan a llamar a Sergi Belbel

Volvamos al O'neill de 'Desig sota els oms' y enlacémoslo con una de las series televisivas más recomendables, 'Boardwalk empire', que transcurre en la misma época, y con 'El preu', de Arthur Miller, que ahora gira por Catalunya. Parten los tres de una terrible, amarga y misteriosa idea: los que levantaron con tanto esfuerzo y tenacidad el primer país del mundo se dividían entre desgraciados egoístas e hijos de puta declarados. Sordidez -no candidez- en los cimientos. Campo para engullir, condena moral generalizada, conflicto y pacto en las vigas maestras. Y quien quiera comparar, que compare.

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