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Al contrataque

Los próximos días son decisivos para demostrar que somos un país que cree en el futuro


Nos habíamos cruzado con él varias veces durante el día. Cuando empezó a caer la tarde volvimos a encontrarnos. Fran mantenía en su rostro intacta la preocupación. Explicaba su historia personal atropellando las palabras con lágrimas en los ojos. Nos contó que es andaluz y que había encontrado al amor de su vida en Barcelona. Allí habían nacido sus hijos, aún muy pequeños, y allí tenía previsto construir el resto de su vida. Días antes, nos dijo que no tenía pensado participar en el referéndum organizado por el Gobierno catalán y suspendido por el Tribunal Constitucional. Pero nos lo encontramos en la Escola Industrial de Barcelona cuando medio mundo había presenciado ya las cargas policiales llevadas a cabo en otros colegios. Fran acababa de votar en ese lugar, en el que el día transcurrió al completo con mucha normalidad. Se nos acercó para contarnos que acababa de meter la papeleta en la urna, señalando de manera clara el no a la desconexión. «Yo no quiero la independencia y tampoco quería esta votación. Pero me han dejado sin argumentos», nos dijo. Fran explicaba que sentía angustia porque ya no iba a poder convencer a familiares y amigos de que merece la pena seguir juntos.

Mirar con atención cada movimiento 

Hoy me he acordado de él. Y de tantos y tantos con los que estos días estamos hablando. Los que están asustados dentro y fuera de Catalunya. De esa mujer que nos trajo dulces y agua para afrontar las largas jornadas informativas de La Sexta. De esos jóvenes críticos que, a pesar de todo, respetaban el trabajo de la prensa en la calle y debatían apasionadamente con nosotros. De esos policías nacidos fuera que, tal y como ha contado este periódico, pidieron disculpas «por el daño que una intervención mal dirigida ha causado en el tejido social al que pertenecemos». Todos ellos y muchos más miran ahora con atención cada movimiento del Gobierno de Rajoy y del Gobierno catalán. Algunos han vivido con alivio las palabras, esta mañana, del delegado Enric Millo, del Partido Popular, lamentando las cargas policiales del domingo. Palabras con matices y muchos días después, pero palabras al fin y al cabo. Y lo mismo con la decisión de Carles Puigdemont de retrasar un día su comparecencia en el Parlament.

Rebajar la tensión

Parece que hoy hemos amanecido con todos intentando rebajar la tensión de los últimos días. Lo hemos visto en Gerard Piqué y en Sergio Ramos. Y hasta en Andrés Iniesta, que ha pedido diálogo a pesar de que es poco dado a pronunciarse políticamente. Todos podemos poner de nuestra parte. Al menos en el tono. Los próximos días son decisivos para demostrar que somos un país que cree en el futuro.

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