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Theresa May.

AFP / MATT DUNHAM

La interinidad de May

Rosa Massagué

El largo ‘annus horribilis’ de Theresa May tendrá esta semana su culminación en la conferencia del Partido Conservador iniciada ayer con muchas espadas y dagas apunténdole. La líder ‘tory’ llegó a Manchester sin nada que ofrecer. El anuncio a última hora de una reducción de las tasas estudiantiles para captar el voto joven no es más que una señal de desesperación de esta primera ministra que muchas consideran interina.

May pasará a la historia como el político que, sin tener ninguna necesidad y haciendo una lectura totalmente errónea de la realidad, convocó unas elecciones en las que su partido perdió la mayoría que había heredado de su antecesor, David Cameron (otro que no supo leer la realidad y convocó un referéndum que perdió), para lograr una ínfima minoría que le obliga a pactar con un desprestigiado partido norirlandés más a la derecha si cabe de los ‘tories’.

Olla de grillos o nido de víboras. Estas son las definiciones que mejor se ajustan a lo que es su Gabinete completamente dividido sobre el ‘brexit’. La primera sería la ‘buenista’. La segunda, la real. Muchos son los agazapados que esperan el momento para saltarle a la yugular y son los que abogan por un ‘brexit’ duro.

A este sector, cuya cabeza más ostentosamente visible es Boris Johnson, no les hizo la más mínima gracia el cambio de tono de May en el discurso conciliador que pronunció en Florencia el 22 de septiembre con el que intentaba desbloquear las negociones con la UE. Y menos gracia les haría cuando se supo que los fragmentos más moderados se habían pactado con Bruselas.

Desmentido oficial

Días antes Johnson había publicado un artículo en el ‘Daily Telegraph’ a favor del ‘brexit’ duro en el que presentaba unos datos tremendistas que ya había utilizado antes y que habían sido desmentidos oficialmente por la oficina de estadísticas. Este sábado, en vísperas del encuentro ‘tory’, el exalcalde de Londres ha vuelto a la carga con audacia marcando unas líneas rojas a May.

Que Johnson aspira a ocupar el lugar de la primera ministra no es ningún secreto. Tampoco lo es que pese a su afán de protagonismo no sea él quien encabece la revuelta contra May. Hay mucho conspirador agazapado dentro y fuera del Gabinete con mayor visión política. Un medio tan serio como ‘The Economist’ ha descrito a Johnson como “un tonto fatuo y un incompetente cero a la izquierda” a quien nadie toma en serio, ni en Washington ni en Bruselas. Cabe añadir que tampoco en Londres, pero cumple bien el papel de ‘tonto útil’.

Si esta es la situación en las altas esferas del Partido Conservador, un partido al que no le tiembla la mano para apartar a dirigentes, cabe preguntarse ¿por qué May sigue al frente? Y la respuesta se llama Jeremy Corbyn. El líder laborista está dirigiendo una carrera ascendente. Su partido acaba de celebrar la conferencia anual en la que él y el laborismo han salido muy reforzados. Ahora los sondeos dan un empate entre las dos grandes fuerzas políticas. Ante esta situación inesperada cuando se daba casi por finiquitado al partido socialdemócrata quienes manejan los hilos del conservador prefieren esperar y ver. 

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