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El debate independentista

El diálogo como ruptura

ALBERT BERTRAN

El diálogo como ruptura

Joan Subirats

Exploremos la vía de un cambio de régimen desde nuevas mayorías que recompongan lo que definitivamente ya no funciona

El consenso está sobrevalorado en democracia. La democracia se ha convertido en el sistema político hegemónico en el mundo no por ser el que más consenso genera, sino precisamente por conseguir mezclar disenso y capacidad de decisión. Es decir, en el fondo es más democrático el régimen que más conflicto es capaz de contener y de manejar sin llegar a escenarios de violencia. No se trata de estar de acuerdo en todo, se trata precisamente de aceptar un marco de juego común en el que expresar desacuerdos, conflictos y buscar salidas que permitan mantener ese marco compartido.

Estos días hablamos mucho de democracia ya que, en buena parte, las dos partes más implicadas y alejadas en el conflicto, el Gobierno del PP y sus aliados, y el Govern de Junts pel Sí y la sociedad civil movilizada, han acabado trasladando el debate al marco de la calidad democrática. Unos diciendo que solo es democrático lo que es legal, y convirtiendo la legalidad en el medidor de calidad democrática, los otros defendiendo que no hay legalidad sin legitimidad y que solo hay calidad democrática si se deja a la gente expresar libre y pacíficamente sus opiniones.

Nadie quiere ser el primero en ceder

Tal como están las cosas, y habiendo ya constatado por activa y por pasiva que la confrontación acaba nutriendo y reforzando las posiciones de ambos contendientes, creo que deberíamos empezar a entender que lo revolucionario es precisamente salir de ese 'statu quo' en el que todos acaban sintiéndose seguros afirmando que es siempre el otro el que no quiere dialogar, mientras siguen avanzando enloquecidos y en paralelo hacia el precipicio final, como en la famosa escena de los dos coches del filme de James Dean Rebelde sin causaNadie quiere ser el primero en ceder, ya que eso sería poco viril. Sería aceptar la condición de gallina.

La ruptura es comprender que el régimen del 78 ya no da más de sí y que ha de recomponerse el acuerdo que nos permita seguir juntos, aceptando sin condiciones que todo es negociable y discutible. Menos testosterona y más aceptación del diálogo. Ese fue el mensaje que se desprendió de la conversación entre las alcaldesas de Madrid y Barcelona, Manuela Carmema y Ada Colau, frente al Gran Wyoming en El Intermedio. Hemos llegado hasta aquí. Ahora toca cambiar.

Sé que lo que digo puede resultar ingenuo, vista la deriva claramente autoritaria que el Gobierno de Rajoy ha tomado en los últimos días. Y visto también que hay quien insiste en que este domingo por la noche podremos declarar la independencia tras un referéndum que está muy lejos de serlo. Pero entiendo que no podemos seguir encerrados en una habitación sin puertas ni ventanas, agitándonos en busca de una salida unilateral que no existe.

Rajoy puede tratar de aprovechar el enorme ruido provocado y convocar elecciones generales, cogiendo a contrapié a un PSOE que aún no sabe cómo situarse, y salir así del cada vez mayor bloqueo parlamentario en el que se encuentra. Y el Govern de JxSí puede querer profundizar la brecha con amagos de independencia unilateral y huelgas generales. Pero nada de ello servirá para salir sin daños de la habitación en la que estamos encerrados. Hagamos política. Activemos la democracia. Empecemos reconociendo que no hay triunfador posible ni imposición jurídica viable y exploremos la vía de un cambio de régimen desde nuevas mayorías que recompongan lo que definitivamente ya no funciona.