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La cercanía del 1-O multiplica el número de huérfanos entre los catalanes partidarios de otra España

La vida en la dimensión desconocida no se desenvuelve en condiciones extremas aunque sí manifiestamente mejorables. La aplicación implacable del principio de acción y reacción deja cada día un número mayor de huérfanos en esa Catalunya donde siempe habían sido mayoría los partidarios de "otra España". Pero ahora les recuerdan día tras otro que no solo está unida sino que es indisoluble e indivisible. Solo falta que sea inmutable. Dos negaciones para esconder la debilidad de un absoluto, los maestros de la lógica tomista se divertirían de lo lindo con ese artículo 2 del título preliminar de la Constitución de 1978. De manera que el espacio entre los extremos de este debate crece en lugar de reducirse a medida que se acerca el 1-O. La victoria en este partido -recordemos que esto es una competición de liga y no de copa- estará del lado de los que sepan interpretar el sentir común con más acierto. Si ganan los duros en el lado del Estado y detienen a Puigdemont antes del domingo, el perímetro del malestar superará con creces al de los independentistas. Si ganan los hiperventilados en el lado indepe y proclaman la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) antes del domingo o tras un referéndum hecho de cualquier manera, el perímetro del inmovilismo crecerá allende las bases de Ciudadanos y del PP. Esos son los escenarios posibles porque empecinarse a reducirlo a un problema de orden público no hace otra cosa que politizar (radicalizar dice Rajoy) a más catalanes. Ganará quien más huérfanos adopte en esta última semana

Las bromas sobre 'Piolín' (un aplauso al dircom del ministerio del Interior) ayudan a distender el ambiente que es mucho más agradable en las calles y en las plazas que en ciertas nubes de la redes y en algunas portadas de diarios de papel. Y como siempre, la historia como arma arrojadiza contra el presente. El determinismo del '6 d'octubre' y el del '18 de julio'. Como si nada hubiera pasado, con ese espíritu adanista tan propio de la postmodernidad. A no ser que los huérfanos llegue un día que decidan emanciparse y tocar la cacerola mientras ponen 'Mediterráneo' a todo volumen. 

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