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Guionistas de moda

House of cards. Alemania, Polonia y Suiza.

El teatro y la crónica política

Josep Maria Pou

Los autores de series televisivas de éxito son ahora los más solicitados por el sector teatral


Se ha escrito hasta el agotamiento que si Shakespeare hubiera vivido en este tiempo se habría convertido en un guionista de televisión. Se decía esto en un momento en que ese oficio sobrevivía en precario y escribir para ese medio no estaba muy bien considerado. Llegó luego el éxito masivo de las series, y algunos guionistas, convertidos a su vez en productores, 'alma mater' y responsables últimos del producto final ('showrunner' es, en argot, la sola palabra que lo abarca todo) ya no necesitaron de coartada cultural para justificarse. 

Se les colmó de honores en forma de audiencias millonarias, y hoy en día son las auténticas estrellas de la televisión. Este es el caso de David Chase ('The Sopranos'), Aaron Sorkin ('The West Wing'), David Simon ('The Wire'), Alan Ball ('Six Feet Under'), Matt Weiner ('Mad Men) y Vince Guilligan ('Breaking Bad'), por citar solo unos pocos. 

Willimon y Thurman

Ahora se está dando, precisamente, el viaje al contrario. Ahora son esos guionistas los más solicitados para prestigiar el teatro o, por lo menos, para llenarlo de espectadores. Es el caso de Beau Willimon, creador de 'House of Cards', que dentro de unos días estrenará en Broadway su obra 'The Parisian Woman' con nada menos que Uma Thurman de protagonista. Para los dos será su debut en Broadway, aunque no su debut en el teatro, porque los dos tuvieron fugaces experiencias anteriores en 'off-Broadway': la actriz interpretando el papel de Célimène en 'El Misántropo', de Molière, y el autor con su obra 'Farraguth North' que fue llevada más tarde al cine, de la mano de George Clooney, con el título de 'Los idus de marzo'.

La expectación ante los dos debuts es extraordinaria. Sobre todo porque la acción de 'The Parisian Woman' transcurre en los círculos políticos de Washington y el autor ha anunciado que reescribirá su obra, noche a noche, función a función, para recoger el devenir diario de la política de su país.

Encomiable (y farragoso) propósito. No quiero ni pensar las horas que debería echarle si el estreno se produjera aquí y ahora en alguno de nuestros teatros. 
 

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