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La crisis de los refugiados

Los judíos que nadie quiso

Raquel Montes Torralba

Dentro de 50 años nadie podrá decir que no podíamos haber evitado la gran tragedia del Mediterráneo


La historia del crucero 'Saint Louis' se remonta a la Europa de 1939. De Alemania zarpaba destino a Cuba y Estados Unidos un buque de pasajeros, 937, en su mayoría judíos en busca de refugio. Tras 14 días de navegación ninguno de ellos pudo abandonar el buque en Cuba, como estadio previo a su admisión en EEUU. Sin visados norteamericanos, las autoridades cubanas negaron su acogida. Tras varios días de negociaciones infructuosas, el 'Saint Louis' zarpó de nuevo, esta vez con destino a Florida donde las autoridades les informaron sobre la política de cuotas que practicaba el gobierno norteamericano desde 1924. Las cuotas de ese año para los refugiados de origen alemán y austríaco se habían agotado. La lista de espera era larga.

Así, casi un mes después de su salida de Hamburgo el 13 de mayo y sin que sus pasajeros hubieran podido poner sus pies en tierra, el 'Saint Louis' emprendió su viaje de regreso a Europa. 288 fueron acogidos por Inglaterra y sobrevivieron, así como 87 que lograron emigrar. De los 532 que regresaron al continente, 254 murieron en una Europa invadida por la Alemania nazi, la otra mitad sobrevivió al horror del Holocausto.

La historia completa se puede leer en la web del United States Holocaust Memorial Museum. Da cuenta de la bajeza y desidia que envolvió esta tragedia en un mundo azotado por la crisis económica y el antisemitismo. 

Instrumentos legales de protección

Tras la segunda guerra mundial y sus monstruosidades, la comunidad internacional actualizó el Derecho Internacional Humanitario y se dotó de instrumentos para, concretamente, proteger a los refugiados. De este impulso surge la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951) y la creación de ACNUR (1950). Más de 50 años más tarde y como consecuencia de los conflictos que asuelan Oriente Próximo y buena parte de África, la comunidad internacional se ve cuestionada por la grave situación que se vive en el Mediterráneo, con Europa, de nuevo, en el epicentro. Cerrado el pacto con Turquía –que para ciertos observadores contenía insuficientes garantías–, las dudas crecen aún más respecto a la posibilidad de cooperación entre UE y Libia.

Los informes y testimonios presentados por organizaciones como Refugees International, Human Rights Watch, Amnistía Internacional e incluso ACNUR revelan condiciones de trato espeluznantes, un «infierno sobre la tierra». El 12 de septiembre, Óscar Camps, fundador de la oenengé Proactiva Open Arms, que trabaja en el Mediterráneo rescatando a refugiados y migrantes, acudió al Parlamento europeo para dar su testimonio, de primera mano, sobre lo que está ocurriendo. 

Dentro de 50 años no se podrá decir que no se tenían los instrumentos jurídicos, que se carecía de conocimiento sobre lo ocurrido o que no se pudo evitar. Que estas personas no se conviertan en los musulmanes, en los cristianos, en los ateos, en los africanos, en los árabes que nadie quiso
 

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