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EN CLAVE EUROPEA

Reformas y lagunas en la UE

Eliseo Oliveras

El triunfalismo económico europeo olvida la creciente desigualdad social y precariedad laboral

El plan para la eurozona no corrige el grave déficit democrático criticado por el comisario Moscovici

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha mostrado esta semana un triunfalismo económico excesivo durante el debate del "estado de la Unión Europea (UE)". La recuperación se ha logrado gracias a la inyección de fondos del Banco Central Europeo (BCE), su compra masiva de deuda y los bajos tipos de interés, como detalla un informe del Banco de España. Esto ha contrarrestado los efectos perniciosos de la política de austeridad impuesta por Berlín y la Comisión Europea. La política del BCE ha aportado 1,5 puntos de crecimiento al producto interior bruto (PIB) de la eurozona del 2014 al 2016 y ha ahorrado a los estados en costes de deuda el equivalente al 1,3% del PIB (1,7 puntos y 1,9%, en España).

Las cifras del crecimiento enmascaran un agravamiento de la desigualdad y el empobrecimiento de la clase media y los trabajadores. La reducción de la tasa de paro y el récord de personas con empleo en la UE ocultan que la gran mayoría de los nuevos contratos son temporales, interinos o a tiempo parcial y mal pagados. El porcentaje de personas con empleo cuyos sueldos están por debajo del umbral de pobreza alcanza cifras récord en España (13%), Italia (12%), Alemania (10%) y Francia (8%), según Eurostat. Y mientras los salarios se han recortado o apenas han crecido en los últimos años, la mayoría de países de la UE registra un alza vertiginosa de los alquileres y los precios de los pisos en las grandes ciudades, lo que genera un grave problema social de acceso a la vivienda.

Juncker propuso durante su intervención ante el Parlamento Europeo una serie de reformas en la UE y prometió más democracia y transparencia. Pero la participación ciudadana y el rendimiento de cuentas democrático de los responsables de la UE brillaron por su ausencia. Ampliar las decisiones que se adoptan por mayoría cualificada en el Consejo de Ministros europeo y crear grupos de trabajo "es insuficiente para salvar la brecha entre los ciudadanos y las instituciones de la UE", señala el Movimiento Europeo, la mayor red de organizaciones europeístas. Esto es preocupante, porque el Eurobarómetro mostró en agosto que el porcentaje de ciudadanos que confiaba en la UE se limitaba al 42% y que el 52% criticaba que su opinión no contaba.

Cambio cosmético

El nuevo código de la Comisión Europea tras los escándalos por los fichajes y comportamientos de los excomisarios José Manuel Barroso, Neelie Kroes y Karel De Gucht es un mero cambio cosmético, avisa Alter-EU, que agrupa a más de 200 organizaciones a favor de una UE más ética. 

Juncker defendió una UE de "libertad", en especial "de opinión para ciudadanos y periodistas". Pero esa declaración choca con la pasividad mostrada ante Hungría cuando eliminó a los medios de comunicación críticos, ante el mismo proceso en Polonia y ante la ley mordaza española y el encarcelamiento del periodista suecoturco Hamza Yalçin en España por encargo de Turquía.

La propuesta de crear un "Pilar de Derechos Sociales" y fijar unos estándares sociales europeos mínimos con una Autoridad Laboral común, se limita a un enunciado. La experiencia de las últimas décadas, con la Comisión Europea promoviendo el recorte de los derechos laborales y sociales en aras de más flexibilidad y eficacia económica, hace temer que esos estándares mínimos impulsen otra competición a la baja en derechos sociales entre los países europeos. "Después de 30 años, las políticas de flexibilidad laboral han probado su eficacia sólo en redistribuir la pobreza", recuerda el economista James K. Galbraith.

Rendir cuentas

Para reforzar la eurozona, Juncker planteó convertir al comisario económico en superministro de Finanzas europeo y presidente del Eurogrupo y transformar el Mecanismo Europeo de Estabilidad en un Fondo Monetario Europeo. Pero esos cambios no alteran el poder de la troika sobre el país que reciba fondos, ni el "escándalo democrático" que supone el funcionamiento del Eurogrupo y las políticas de ajuste que se imponen "a puerta cerrada" por parte de tecnócratas que no rinden cuentas ante los ciudadanos, como criticó en agosto el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici. Que el futuro superministro tenga que rendir cuentas ante el Parlamento Europeo tiene un efecto limitado, ya que los eurodiputados no pueden destituirle y las políticas económicas que adopta el Eurogrupo no pasan por el Parlamento Europeo.

Juncker no ha respaldado el plan del presidente francés, Emmanuel Macron, de un presupuesto para la eurozona y de un Parlamento específico que someta a control democrático al Eurogrupo, y ha preferido alinearse con la posición menos ambiciosa de la cancillera alemana, Angela Merkel. Y la idea de Juncker de fusionar la presidencia de la Comisión Europea y de la UE, ya ha chocado con la oposición de varios países encabezados por Dinamarca y Holanda.

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