Ir a contenido

Quién hubiera dicho, hace un año, que al 'brexit' le costaría hoy hacerse un hueco en los titulares. Pero así es. Una vez pasado el sofocón y el disgusto, los 27 han optado por respetar religiosamente la decisión del pueblo británico y encargar a un equipo negociador, con Michel Barnier al frente, toda la negociación. Sin fisuras. Y centrarse en otras cosas. Es más, están aprovechándolo a modo de catarsis, para replantear cómo debe ser la Unión Europea (UE) que viene, aunque tenga que ser sin el Reino Unido.

Mientras, lo que llega de Londres sigue reflejando una gran falta de claridad sobre qué tipo de 'brexit' busca el Gobierno de Theresa May y un notable caos interno. Lo que, a su vez, está produciendo estupor y exasperación en Bruselas, hasta el punto de que el propio Barnier ha llegado a decir que el ministro británico al cargo, David Davis, no estaba lo suficientemente implicado en la tarea.

Sólo en los últimos días han trascendido, oficial y extraoficialmente –el 'brexit' se ha convertido fuente infinita de filtraciones- varios documentos y declaraciones que revelan lo caótico del proceso. Como la marcha atrás en lo hablado en julio sobre la famosa "factura", la cantidad que Londres debería abonar para cumplir con los compromisos adquiridos en el último diseño presupuestario de la UE, cifrada en unos 60.000 millones de euros. O como sobre los derechos de los ciudadanos comunitarios en la isla, que se verían seriamente condicionados y disminuidos, según un informe filtrado esta misma semana. O sobre la futura relación con Irlanda e Irlanda del Norte, en cuya frontera el Gobierno británico plantea dejar de aplicar la legislación europea, lo que podría perjudicar el acuerdo de Viernes Santo.

La indefinición

Inicialmente se había previsto que el debate sobre estas cuestiones estuviera listo para mediados de octubre, y poder pasar a la siguiente fase, pero no será fácil a la vista de la indefinición británica. Así que seguimos sin saber si el modelo final será el de un 'brexit' blando, duro, o si no llegará a haber acuerdo para marzo de 2019. En suspenso está aún el tipo de relación, sobre todo comercial, que Reino Unido y la UE tendrán en el futuro.

Esta indefinición y este caos tienen su origen en las diferentes visiones dentro del propio Gobierno de Theresa May sobre cómo llevar a cabo el divorcio y en la intensa pelea por el poder que los cuestionables resultados de las elecciones de junio han agudizado dentro del Partido Conservador. La debilidad de la primera ministra ha dado paso a un mayor papel de los euroescépticos, quienes, sin embargo, tampoco parecen dar con la fórmula para avanzar según la hoja de ruta trazada.

El próximo "acto" será la votación en el Parlamento británico el próximo lunes de la ley que permite la conversión de las 20.000 directivas europeas en ley británica, para poder así, paradójicamente, desconectarse de la UE. Aunque el Partido Laborista ya ha anunciado que votará en contra, y algunos conservadores pro-europeos también, es bastante probable que sea aprobada sin problemas. También lo es que el titular acabe pasando desapercibido en el resto de la Unión.

0 Comentarios
cargando