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Los Mossos, la política y EL PERIÓDICO

Jordi Alberich

Los días posteriores al ataque terrorista, algunos albergamos la esperanza de que un choque tan dramático con la realidad sirviera para reorientar nuestra vida política hacia la normalidad, entendida ésta como la búsqueda del encuentro. Bastaron unos días para comprobar lo inocente de nuestra consideración pues, por contra, el drama no ha hecho más que acrecentar la radicalidad.       

Desde ese trágico jueves, los Mossos y, en especial, su máximo responsable, Josep Lluís Trapero, se han convertido en el eje de un debate tan intenso como irracional, y del que me he sentido muy alejado pues ni tengo información ni, de disponerla, poseo conocimientos en materia de seguridad para analizarla. En consecuencia, como siempre, todo mi reconocimiento a la labor de éste y todo cuerpo de seguridad que desarrolla su acción en un contexto democrático. Y si, a lo largo de estas semanas, los Mossos se han ganado un merecido reconocimiento ciudadano, mejor que mejor.

Retornando al Mayor Trapero, creo que en su actuación se perciben dos fases. Una, inicial, en la que contó con una simpatía prácticamente unánime de la ciudadanía, tanto por su serenidad como por la sensación de que se dirigía a todos los ciudadanos. En una segunda, y a medida que ha ido prodigándose, en una parte de la ciudadanía ha emergido la sensación de que su actitud recoge las sensibilidades de, especialmente, una parte de la sociedad.

En cualquier caso, me preocupa el protagonismo del máximo responsable policial, que no le critico pues se lo facilitan o incluso demandan sus superiores, en la medida que refleja un vacío político muy inquietante. En una crisis tan dramática, sumidos en la desorientación y el miedo, por mucho que el lema sea no tinc por, ha faltado aquel político capaz de dirigirse a todos los ciudadanos, para transmitir la entereza y confianza que uno espera en aquellas situaciones, como la vivida, en que un liderazgo integrador resulta más necesario que nunca. Por el contrario, el ataque terrorista no ha hecho más que agrandar la brecha entre unos y otros.

En este sentido, no entiendo la reciente rueda de prensa en la que el 'conseller' de Interior, en un tono sorprendentemente impropio, reta al director de EL PERIÓDICO por la información publicada por este medio. Una reacción que, más allá de por su valoración personal de la noticia, se explica desde la tensión del momento pero, aún más, refleja la incredulidad de que haya procedido de un medio editado en Barcelona. Si la actuación de los Mosssos tras el atentado se considera como muestra de la capacidad de Catalunya para ejercer como Estado, también debería considerarse como signo de madurez de nuestro país que un medio catalán dé a conocer información de la que dispone. Por todo ello, mi reconocimiento a los Mossos y a Enric Henández.  

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