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ANÁLISIS

Paseantes por la Rambla.

ALBERT BERTRAN

Tres escenarios posibles para el turismo tras los atentados

Josep-Francesc Valls

Sería positivo aprovechar una circunstancia fatal para buscar consensos de innovación en los modelos turísticos

Mientras todavía llorábamos a los muertos, nos enorgullecíamos de nuestra policía, o escrutábamos donde nos habíamos equivocado –nosotros y espero que ellos– ante tanta desfachatez y sangre, hubo un ejemplo de que Barcelona continúa siendo una ciudad pionera. El pánico se convirtió en fortaleza reuniéndose el ayuntamiento y los responsables del sector turístico. En unas horas para olvidar, dejábamos de ser destino refugio para entrar en el lado oscuro de los lugares teñidos por el terrorismo. La barca de Caronte te traslada sin retorno a la otra orilla.  

Los escenarios  que se divisan son tres. El 'aquí no pasa nada', esperando que no vuelva a ocurrir, al que muchas veces se aferran invocando la diferencia. Esta hipótesis tiene bien pocas probabilidades de que ocurra, puesto que la seguridad determina la decisión de todo tipo de viaje.

El segundo escenario consiste en peregrinar por todas las estaciones del viacrucis que desgraciadamente han seguido recientemente Londres, Bruselas, Niza o París: un semestre de fuertes caídas del número de turistas –situadas en torno al 20%–; otro, de reducciones ligeramente más suaves; y al final, otros seis meses de lenta recuperación de posiciones anteriores a los actos terroristas, en el mejor de los casos. 

El tercer escenario es idéntico al segundo, pero con un plan de acción, consensuado por todos los actores del turismo. Diríamos que en este tercer escenario, los actos terroristas ayudan a desbrozar el camino, a acelerar el consenso en torno a una acción conjunta de aplicación inmediata. Lejos de la diletancia existente, fruto del enfrentamiento, se trata de fijar claramente el modelo de ciudad, asociado a una serie de valores, a fin de promocionarlo para atraer a los turistas que se desean. Todo ello, para reconducir la aceptación masiva e indiscriminada de turistas que habían convertido la ciudad en un lugar de éxito desbocado, de bajos ingresos respecto a los posibles, mal repartidos en el tejido urbano, salarios magros para el sector y enfrentamientos con los vecinos.

Turistas más interesantes en trato y gasto

Ocurra lo que ocurra en el lado oscuro de una ciudad que ya no es destino refugio, este tercer escenario no garantiza la ausencia de atentados u otras vicisitudes, pero asegura que se avance hacia un modelo de ciudad fácilmente reconocible por aquellos viajeros que conectan con nuestros valores y tienda hacia el reequilibrio perdido. Menos turistas, probablemente, pero más interesantes en trato y en gasto. 

A pesar de que muchos aprovechen la oportunidad para zaherir, desgraciadamente no solo Barcelona y Cambrils han dejado de ser destino refugio. Es toda España la que ha perdido el adjetivo mágico. Bruscamente todos hemos pasado al lado oscuro de la inseguridad, ciudades y litoral. Bueno sería, por tanto, aprovechar esta circunstancia fatal para buscar consensos de innovación en los modelos turísticos. Sobre todo, cuando en adelante ya no nos beneficiaremos de los turistas brindados hasta ahora por los destinos inseguros del entorno.