ANÁLISIS

¿Cómo se llega a eso?

Creo que Younes no pudo llegar a hacer lo que hizo sin antes haber adquirido una fuerte carga identitaria de pertenencia a una comunidad oprimida

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Artificieros de los TEDAX, en el lugar donde ha sido abatido Younes Abouyaaqoub.

Artificieros de los TEDAX, en el lugar donde ha sido abatido Younes Abouyaaqoub. / AFP / LLUÍS GENÉ

El imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, era (presuntamente) un criminal, uno más de los muchos que hay en todas las sociedades, pero él no hacía lo que otros, que violan y asesinan por sí mismos. Lo que él hacía era reclutar jóvenes para que cometieran los asesinatos. Y aquí es donde nos tropezamos con la pregunta más turbadora que muchos nos planteamos en estos momentos: ¿qué lleva a un joven común, cuya vida ha sido como la de cualquier otro, a dejarse reclutar por alguien que le está invitando asesinar y a llegar incluso hasta el suicidio? Younes Abouyaaqoud, el (presunto) terrorista que mató a 14 personas y finalmente fue abatido por los Mossos d’Esquadra cuatro días después en un acto que fue prácticamente un suicidio, había vivido en Ripoll desde que tenía 4 años; ahí había sido educado y era conocido por sus amigos y su entorno como un buen chaval, buen estudiante, buen compañero, aficionado al fútbol, alegre e inteligente. Buena persona. ¿Qué lleva a un chico así a hacer lo que hizo?

Los implicados se identifican como musulmanes, pero es posible que más dentro del concepto de pueblo que en el de comunidad religiosa

No tengo respuesta a esa pregunta, al menos no una respuesta completa, pero sí quiero aportar algunas reflexiones. Creo que Younes no pudo llegar a hacer lo que hizo sin antes haber adquirido una fuerte carga identitaria de pertenencia a una comunidad oprimida. Todo parece indicar que no se trata de una carga identitaria de tipo religioso, ni en su caso ni en el de la mayoría de los terroristas de corte islamista que han perpetrado atentados en Europa, ya que casi ninguno tenía formación religiosa. Se identifican como musulmanes, pero es posible que ello se encuadre más dentro del concepto de pueblo o nación que del de comunidad religiosa.

Agravios y puntos de conexión

Creo que, sobre todo, se sienten parte de un pueblo oprimido, segregado, discriminado, víctima de grandes injusticias; y tiendo a pensar que es esto lo que los reclutadores como el imán de Ripoll consiguen inocular en sus cerebros. Pero, ¿cómo lo consiguen? Supongo que de la misma manera que se consiguen todas las identidades nacionales: a base de realzar y agigantar todos los agravios y lo que nos distancia, y minimizar o despreciar todo lo que nos une. Younes tenía grandes puntos de conexión y unión con su entorno social, pero Abdelbaki le lavó el cerebro para que todo eso perdiera importancia y la ganaran los agravios. Y la pregunta sigue siendo: ¿Cómo?

Creo que para acercarnos un poco a la respuesta a esa inquietante pregunta tenemos que dejar de mirar por un momento a esos chicos y mirarnos también un poco a nosotros mismos, es decir, a las sociedades en las que viven y vivimos. Quienes nos relacionamos mucho con la inmigración sabemos que las personas procedentes de familias inmigradas reciben muchos 'inputs' de acogida en nuestra sociedad, pero también muchos otros de rechazo. Siempre hay alguien que, de alguna manera, les está diciendo: “no sois de los nuestros”, y esto en constante, en los juegos, en los trabajos, en las relaciones de todo tipo.

No nos engañemos: no somos una sociedad tan acogedora porque no hacemos todo lo que nos tocaría hacer

Y se traduce en que los jóvenes de familias inmigradas, sobre todo musulmanas, alcancen tasas de desempleo muy superiores a los demás, y mayores dificultades para que les alquilen un piso, y dificultades para integrase en determinados equipos, y dificultades para muchas otras cosas. Estos días mucha gente se pregunta cómo ha podido pasar lo que ha pasado en una sociedad acogedora como es la catalana. No nos engañemos: no somos una sociedad tan acogedora. No hacemos todo lo que nos tocaría hacer, y las instituciones no invierten lo que deberían invertir en la lucha contra la discriminación, la segregación y la exclusión.

Intervencionismo en los países árabes

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Esto no es una explicación, y mucho menos una justificación de lo que ha pasado. Solo estoy buscando los puntos de partida para que un chico como Younes se dejara lavar el cerebro, y es importante encontrarlos, entre otras cosas, porque no ha sido el único y puede seguir habiendo otros. Y los puntos de partida son más, ya que a esas situaciones concretas que viven en nuestra sociedad muchos jóvenes de familias inmigradas se suman otros agravios más generales. El brutal intervencionismo del mundo occidental en los países árabes, siempre a favor de los intereses occidentales, de las empresas armamentísticas, de las petroleras y de otras, y siempre alimentando belicismos de acuerdo con esos intereses, es algo que favorece tremendamente el desarrollo de sentimientos identitarios de pueblo oprimido.

Y mucho más lo es el tratamiento que tantas décadas llevamos haciendo del conflicto palestino. El pueblo palestino está siendo atropellado hasta extremos de espanto sin que los países occidentales dejen ni por un momento de dar apoyo al Estado de Israel, y puede que este sea el elemento más crucial de ese proceso identitario que sufren muchos jóvenes de origen árabe, tanto en los países árabes como en Europa. Para acabar con esos refugios identitarios, que en algunos casos devienen en terrorismo, hay que abordar todas estas cuestiones. No es sencillo, pero creo que no hay otro camino.