Ir a contenido

Al contrataque

Un espectáculo grotesco

Cristina Pardo

La sobrerreacción del PP permite intuir lo que hay tras el caso del homenaje en Madrid a Miguel Ángel Blanco: el interés por desgastar a Podemos


Hace unos meses se produjo un momento político trascendental que pasó bastante desapercibido. Se había registrado en Pamplona un violento episodio de terrorismo callejero y todos los partidos, incluido el alcalde de Bildu, condenaron los hechos, tan propios del pasado y tan impropios del presente. Fue una reacción muy reconfortante, mucho. Creo que nuestra clase política es poco dada a la unidad. Sin embargo, en los asuntos relacionados con el terrorismo, afortunadamente el acuerdo se había ido normalizando. Hasta hoy, que hemos retrocedido 20 años de golpe y porrazo. Y lo hemos hecho, ni más ni menos, que en torno a la figura de Miguel Ángel Blanco, la víctima que logró impulsar la derrota social de ETA y propició la victoria rotunda y definitiva de los demócratas frente a los asesinos. 

Con motivo del 20º aniversario del secuestro y crimen del exconcejal de Ermua, los partidos se han enzarzado en una desagradable batalla por cómo debían organizarse los homenajes. El PP instó a la alcaldesa de Madrid a colgar una pancarta en la fachada del ayuntamiento, utilizando como argumento su apego a los carteles reivindicativos de temas variados. Manuela Carmena no lo consideró necesario, alegando que no veía adecuado diferenciar a unas víctimas de otras. En mi opinión, a la alcaldesa no le costaba tanto honrar a Miguel Ángel Blanco. Mejor que sobre que no que falte. Descolgar una pancarta es un gesto que no resta, y esa ya sería razón suficiente para haberlo hecho desde el minuto uno. La prueba de que no perdía absolutamente nada por demostrar generosidad es que ha rectificado: habrá pancarta en la concentración de este miércoles en Cibeles.

DESGASTE POLÍTICO

En todo caso, no me parece proporcionada la reacción del PP. Han llamado «infame» a Carmena y le han reprochado su «mezquindad» y «bajeza política». Esta sobrerreacción es la que permite intuir lo que hay detrás: el interés por desgastar a Podemos y no una duda sincera sobre el compromiso de la alcaldesa con las víctimas del terrorismo. Pienso que Pablo Iglesias podría ser, en general, más contundente en su rechazo a los cómplices de ETA. Pero de ahí a sembrar la sospecha de que Carmena equipara a víctimas y verdugos, hay un trecho. 

Ahora cabe preguntarse por qué el PP no critica por igual a todos los alcaldes ni coloca pancartas estos días en todas las instituciones en las que gobiernan ellos. Poniendo el foco en Carmena, su intencionalidad política es más que evidente. Sorprende, en cambio, que no hayan afeado su actitud a Arnaldo Otegi. El asesinato de Miguel Ángel Blanco le pilló en la playa. Debe de ser un hombre de costumbres, porque nos comenta su entorno que el aniversario –vaya por Dios– le ha cogido de vacaciones. 
 

0 Comentarios
cargando