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INJUSTICIA CON EL CINE

La penitencia de dos puntos respecto al 8% en vigor en el 2012 es como si las uñas de Hacienda, presas de un tic enfermizo, no pudieran dejar de arañar la palabra 'cultura' hasta hacerla ilegible

Por fin, el pasado 29 de junio entró en vigor la anunciada rebaja del IVA del teatro. No hubo descorche de champán. Solo un callado sentimiento de reparación debida, de vuelta a la razón y a la justicia. Justicia tacaña, porque la rebaja del 21 al 10%, deja todavía una penitencia de dos puntos con respecto al 8% en vigor en el 2012. Es como si las uñas de Hacienda, presas de un tic enfermizo, no pudieran dejar de arañar la palabra cultura hasta hacerla ilegible.

La justa reparación del daño en el teatro hace más evidente la injusticia con respecto al cine, cuyo IVA se mantiene en el 21%, porque no es un «espectáculo en vivo», dando por hecho que quienes lo hacemos estamos todos criogenizados como Walt Disney, y quienes acuden a sus sesiones son zombis huidos del vídeo de Michael Jackson. Se ignora que la experiencia de ver una película desde la butaca es, en ocasiones, tan vívida y rotunda, sino más, que la de correr asustado ante una acción de La Fura, o encontrarte bailando, a tu pesar, en un sicodélico sarao de La Cubana.

TRAGEDIA 'GORE'

Estos días, en la sede de la Royal Shakespeare, en Inglaterra, algún espectador se desmaya en cada representación de 'Titus Andronicus', la más 'gore' de las tragedias de Shakespeare, lo que ha levantado airadas reacciones en contra de la violencia mostrada en escena. Habida cuenta de que el próximo 9 de agosto la función va a retransmitirse en directo en cines de medio mundo (Barcelona incluida, busquen en la cartelera), la compañía ha decidido hacer un experimento: en el teatro, cada día, 13 miembros del público son monitorizados para ver cómo reacciona su corazón ante lo que presencia en vivo y en directo, y el 9 de agosto se hará lo mismo con otras tantas personas de las que acudan a ver la proyección de la tragedia en la pantalla de un cine. 

Se quiere saber de esta forma si quienes acuden al teatro son más impresionables que los habituales del cine, o si estos están, como se cree, insensibilizados ante la visión de la violencia (aunque nunca, en ningún caso, insensibilizados ante un IVA abusivo).

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