28 mar 2020

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EL DEBATE DE LA MOVILIDAD URBANA EN BCN

Un tranvía a su paso por la plaza de las Glòries.

JOAN PUIG

El tranvía, juguete de demagogos posmodernos

Josep A. Acebillo

Necesitamos una nueva matriz de movilidad posindustrial para nuestras ciudades, pero no a partir de la improvisación y de un sistema de transporte inventado en el siglo XIX

Que la movilidad es un problema urbano y socioeconómico es evidente. La modernidad industrial nació ligada a las nuevas técnicas de transporte y movilidad, y ahora la cuestión está en que la modernidad posindustrial, es decir, la nueva sociedad-red neoterciaria, aún precisa de mayor movilidad. Las previsiones de los demagogos posmodernos preconizando que la automatización, la computerizacion y las nuevas tecnologías permitirían que nuestras actividades de trabajo, educación y ocio se realizarían con menor movilidad no se han cumplido en absoluto. Al contrario, las previsiones más serias nos hablan de un incesante incremento de la movilidad en todos los medios, incluidas las ciudades.

Este incremento de movilidad urbana acongoja legítimamente a mucha gente, y de nuevo los nuevos agitadores y demagogos posmodernos aprovechan para hacer su agosto político. Es en vano razonarles que la movilidad es una pieza esencial para nuestra economía y nuestra salud sociolaboral, porque ellos interpretan que la mejor política de movilidad es aquella que propicia moverse menos, obviando la relación entre movilidad, productividad y competitividad económica, bienestar social y más y mejor empleo.

REIVINDICACIÓN SOBRE TRES VECTORES 

Los demagogos posmodernos basan su estructura reivindicativa sobre la nueva movilidad urbana en tres vectores. No al coche, al que consideran junto al turismo como el mayor enemigo del pueblo. En su lugar tenemos que movernos andando o en bicicleta, aunque se trate de una sociedad que envejece tan drásticamente como la barcelonesa. Por último, sí al transporte público, aunque sin matices.

Podríamos compartir estos preceptos, pero con muchas precisiones, derivados básicamente de intentar conocer cómo funciona la sociedad-red y también sobre las posibilidades que nos ofrecen ya las nuevas tecnologías disruptivas.

Hay que tener conocimiento del contexto tecnológico y socioeconómico de la sociedad en que vivimos

En este sentido, el no al automóvil que se mueve con petróleo, que contamina y que hace ruido se paliaría con los coches de nueva generación, no contaminantes, con una estructura y dimensión que permiten su fácil almacenamiento y con un grado de automatismo que mejora sensiblemente la seguridad y el espacio urbano que necesitan. No solo hay que circular en bicicleta, también aquellos medios especiales de transporte que posibiliten el movimiento a una sociedad que envejece. Bicis y motos eléctricas, patines, 'segways', sillas rodantes, cintas peatonales de transporte… y todo el arsenal de minivehículos que están iniciando su comercialización y que por sus características caben en el ascensor y se pueden guardar en tu piso. Cara al futuro, estas técnicas disruptivas deben ser estimuladas urbanísticamente, reservándoles el espacio urbano necesario para que funcionen con seguridad, en lugar de penalizarlas expulsándolas de determinados ámbitos urbanos.

En cuanto a la generalización y mejora del transporte público, claro que estamos de acuerdo, pero con muchos matices. Si los flujos que debemos gestionar se aproximan a las 20.000 personas/hora, la única solución factible es el metro. Los modernos buses funcionan con tracción no contaminante, pueden recibir la electricidad mediante una guía empotrada en el asfalto, y pueden funcionar automáticamente.

LA MISMA VELOCIDAD DE UN BUS

Además, debe quedar claro que la velocidad comercial de un bus no es menor que la de un tranvía. Si un tranvía tiene mayor velocidad comercial es porque funciona en un espacio reservado, con lo que merma el espacio público disponible, o porque está soterrado, y eso equivale, especialmente a efectos económicos, a un metro ligero.

En Israel están a punto de comercializar el ‘asfalto eléctrico’, una tecnología basada en el efecto piezoeléctrico que genera electricidad por el rozamiento de los vehículos, y que también la puede suministrar.

Estas tecnologias disruptivas de movilidad, y muchas más, están a disposición de quienes estamos interesados en el mejor funcionamiento de la ciudad del futuro.

UN SISTEMA DEL SIGLO XIX

Es cierto que necesitamos una nueva matriz de movilidad posindustrial para nuestras ciudades, pero la vía de acceso no es la demagogia sino el conocimiento del contexto tecnológico y socioeconómico de la sociedad en que vivimos. Esto es, lamentablemente, lo que desconocen los agitadores y demagogos posmodernos. Es mas fácil improvisar, incluso proponiendo en el siglo XXI un sistema de transporte como el tranvía, inventado en el siglo XIX para llevar a las fábricas grandes masas de trabajadores que habitaban muy lejos del lugar de trabajo.

Creo que los barceloneses merecemos más y mejor atención.