23 feb 2020

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EL DEBATE DE LA MOVILIDAD EN BCN

Un convoy de una de las tres líneas del Trambaix llega a la estación término, en la plaza de Francesc Macià.

FERRAN NADEU

El tranvía quiere 53 millones de usuarios

Olga Guday

El objetivo de un crecimiento europeo más sostenible y una vertebración del territorio más cercano avalan la apuesta

A principios del siglo XX Pompeu Fabra confeccionó las nuevas normas y el diccionario ortográfico de la lengua catalana. Hubo grandes disputas entre partidarios de la i (latina) y de la y (griega), como conjunción normativa para la escritura en catalán. Ríos de sangre corrieron en nuestro territorio debatiendo este tema. Mientras tanto, Pompeu Fabra culminó todo el redactado que hemos usado hasta hoy: las conjugaciones de los verbos, la gramática, las excepciones... Herramientas que han proyectado al catalán.

Los concejales del Ayuntamiento de Barcelona tienen sobre la mesa un informe de la ATM (Autoritat del Transport Metropolità) con cuatro opciones, y deben tomar una decisión sobre cómo se articulará la parte central de conexión de los tramos del tranvía ya ejecutados por la Diagonal, entre la plaza de las Glòries y la plaza de Francesc Macià.

Hay que recordar que en Europa tienen, también sobre la mesa, una Agenda 2020 que marca unos objetivos muy claros que no podrán alcanzarse sin la implicación de las grandes ciudades. Y uno de los objetivos es reducir un 20% la emisión de gases de efecto invernadero. Todo para garantizar un crecimiento europeo más sostenible y que ayude a reducir el cambio climático.

CONGESTIÓN DE TRÁFICO

Uno de los grandes debates que suscitan las obras por el paso del tranvía es la congestión a nivel de tráfico que conllevará por culpa de la reducción significativa de carriles para coches. Yo soy barcelonesa, peatón, ciclista, motorista y conductora de coche, y esta obra afectará a mi día a día, dependiendo del medio de transporte que elija. Ya hace tiempo que el coche dejó de ser mi medio habitual para circular por la ciudad, pues es muy incómodo y caro. Y tengo claro que no es así solo por un devenir natural, sino que ha venido forzado por las instituciones. Y estoy de acuerdo en que se avance en esta dirección, porque paralelamente me han forzado a pensar que ir en bicicleta era posible, y lo es, cada vez más, por suerte. Es hora de recuperar la ciudad para las personas.

El tranvía es, por otra parte, una buena herramienta como transporte urbano, pero también como vertebrador del territorio más cercano. Sólo un par de décadas atrás nuestros vecinos de Cornellà lo tenían mucho más difícil para acceder al centro de Barcelona con normalidad. El tranvía tiene 26,8 millones de usuarios (según los datos hechos públicos por el Tram en el 2016), se prevé que se doble con la conexión.

Lo único que propongo para no quedarnos estancados en el debate a favor o en contra es que, en la era de las 'smart cities', se piense en un sistema de información eficiente, vía unos paneles informativos en la calle, para que con los sensores necesarios se derive tráfico cuando los modelos prevean un colapso. Hagámoslo inteligente, hagámoslo 'smart'.

 Y por último, quiero recordar que mientras se genera tanto alboroto por el tranvía, como ya ocurrió con las disputas en tiempos de Pompeu Fabra, los ciclistas y peatones, silenciosamente, harán suya la Diagonal, pudiendo cruzar la ciudad con comodidad. ¡Bienvenido sea!