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EDITORIAL

Las playas barcelonesas recibieron este Sant Joan a 59.000 personas. En la foto, una hoguera en la playa de Bogatell.

RICARD FADRIQUE

La verbena del récord de calor

La masiva presencia de gente en las playas y las altas temperaturas marcaron una noche sin graves incidentes

Pocos días y noches como la de la verbena de Sant Joan provocan un movimiento ciudadano de similares dimensiones. La noche que coincide con el solsticio de verano ha sido tradicionalmente una jornada de gran actividad festiva, que se manifiesta con la presencia masiva de jóvenes en las playas de toda Catalunya. Lógicamente, las de Barcelona y sus alrededores son las que congregan a más gente y las que registran los mayores dispositivos de seguridad y de los servicios de limpieza de primera hora de la mañana, indispensables para que la normalidad se recupere cuanto antes. Y es que las 59.000 personas (por 52.000 del 2016) que se congregaron durante muchas horas en el litoral barcelonés dejaron huella.

La verbena de Sant Joan siguió las pautas «normales», según el director general de Protecció Civil de la Generalitat, Joan Delort, con 5.206 llamadas al teléfono 112 relacionadas con 2.366 incidentes. Como el incidente cero no existe en un día como este, esa situación de normalidad se tradujo en 1.291 servicios de los bomberos en toda Catalunya, propios de una jornada de hogueras y petardos, que también tuvieron el resultado de 217 personas atendidas en hospitales y centros de emergencia de atención primaria. La tradición de tirar petardos se mantiene a pesar del descenso en el consumo que se registró en los años en que la crisis quemaba más.

Hoy, las redes sociales también se han convertido en un foro de debate sobre este hábito con voces de detractores que nos recuerdan, por ejemplo, cómo sufren las mascotas con el estruendo de un petardo. Ante la cuestión, solo cabe apelar a una conducta marcada por el civismo y la sensatez imprescindible que conlleva saber que se está jugando con fuego y con ruido.

La verbena del 2017 sí pasará a la historia por las temperaturas, muy previsibles en función de los días previos. Se la puede etiquetar, por lo tanto, como la verbena del siglo porque fue la más calurosa de los últimos 100 años. Las temperaturas no bajaron de los 25 grados –en la estación del Raval no lo hicieron de 27,8– cuando la media de los últimos 40 años es de 17. Es obvio que destacar este récord de calor, o las colas a primera hora de la tarde en las salidas de Barcelona, es la mejor noticia de una noche que, no lo olvidemos, hace siete años segó las vidas de 12 personas en un apeadero de Castelldefels.

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