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Margaret Cavendish  duquesa de Newcastle  Pionera de la ciencia ficcion

Margaret Cavendish, la duquesa deslumbrante

Ricard Ruiz Garzón

Se llamaba Margaret Cavendish, fue duquesa de Newcastle, vivió entre 1623 y 1673 y muchos la consideran, antes que a Mary W. Shelley, la 'inventora' de la ciencia ficción. Pionera sin duda, tanto del fantástico como de la literatura femenina (fue la primera mujer en firmar sin pseudónimo una novela), la que se desempeñara como dama de la reina Enriqueta María de Francia nos acaba de regalar, gracias a la historiadora de la Autònoma Maria Antònia Martí Escayol, el que podría ser uno de los tesoros del género este año: la primera traducción española de 'The Blazing World', recién publicada por Siruela como 'El mundo resplandeciente'.

En la mayoría de los cánones, incluidos los del fantástico, sigue existiendo demasiada sombra misógina

Homenajeada a menudo en el ámbito anglosajón (del Alan Moore de 'La Liga de los Hombres Extraordinarios' a la Siri Hustvedt de esa novela hermana titulada 'El mundo deslumbrante'), esta obra de 1666 que según Martí Escayol podría calificarse de "protofeminista, protoecologista, protoposmoderna o protocibernética" es un clásico que Cavendish escribió como complemento a otra obra científica, un año antes de convertirse además en la primera mujer en visitar en Londres la Royal Society (ninguna otra lo haría hasta 1945). Con menciones explícitas a predecesores de la ciencia ficción como Luciano de Samósata en el siglo II y Cyrano de Bergerac o Pierre Borel en el XVII, 'El mundo resplandeciente' relata las fabulosas peripecias de una dama que, tras ser secuestrada, navega por los polos hasta un un mundo donde es coronada emperatriz. Desde allí, entre hombres-pez, hombres-pájaro, hombres-oso y hombres-gusano, emprende el regreso, ya como semidiosa aupada en los conocimientos adquiridos, y dicta su historia a la duquesa de Newcastle. Y todo ello, junto a magníficos trampantojos que Martí Escayol disecciona con lucidez en su estudio preliminar, se publicó dos siglos antes de los primeros viajes extraordinarios que encumbrarían a Jules Verne y a H. G. Wells.

Que resplandezcan por tanto, como merecen, Cavendish, Siruela y Martí Escayol: en la mayoría de cánones, incluidos los del fantástico, sigue existiendo demasiada sombra misógina.

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