09 ago 2020

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Análisis

Banderas ondean en el exterior de la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo

EFE (PATRICK SEEGER)

La UE reafirma su voluntad de ser líder en cooperación al desarrollo

Neven Mimica

Cuando flaquean compromisos y abunda la retórica populista, el nuevo Consenso Europeo sobre Desarrollo es más que la suma de sus partes

Cuando arrecian los problemas a nivel mundial hay que plantarles cara. Hace unos días el presidente de Estados Unidos anunció que iba a retirar a su país del Acuerdo de París, una decisión que sigue a la de reducir la ayuda para el desarrollo y el apoyo a la salud reproductiva en los países en vías de desarrollo. Todas estas decisiones son preocupantes, pero no deben distraernos de la inmensa tarea que tenemos por delante. Para la Unión Europea los compromisos asumidos internacionalmente son irrevocables y su puesta en práctica no constituye una promesa a largo plazo, sino una emergencia.

La semana pasada los presidentes de la Comisión Europea y del Parlamento Europeo y todos los estados miembros firmaron un nuevo acuerdo llamado Consenso Europeo sobre Desarrollo, que abarcará todas nuestras actividades de cooperación internacional. La UE lleva mucho tiempo siendo líder mundial en cooperación para el desarrollo. Junto con los estados miembros, muy por delante de cualquier otro donante. Por ejemplo, gracias a la ayuda europea al desarrollo solamente en la última década más de 74 millones de personas han conseguido tener acceso al agua potable y ha aumentado en casi 14 millones el número de niños y niñas que han podido asistir a una escuela primaria.

La Unión y sus estados aportan casi el 60% del total de la ayuda a los países en vías de desarrollo

Reformar una política tan arraigada como esta requiere mucho coraje político. Los desafíos a los que nos enfrentamos hoy en día son más complejos y más globales y están más interconectados que nunca: el cambio climático, los desplazamientos sin precedentes de migrantes y refugiados, las crecientes desigualdades sociales o las nuevas formas de pobreza que afectan a todos los países en todas las fases de su desarrollo.

Todas estas cuestiones están interconectadas entre sí y, por lo tanto, también tienen que estarlo las medidas que tomemos para abordarlas. Poner fin a la pobreza en el mundo es y seguirá siendo el principal objetivo de nuestra política de desarrollo. Pero para conseguirlo tenemos que integrar dicha política en todas las demás.

CÓMO LOGRARLO

Si nos fijamos en todos los sectores y en todas las actividades de un país socio al que queremos prestar nuestra ayuda y hay un estado miembro que es muy bueno en agricultura sostenible, otro que tiene mucha experiencia en el sector de la educación y, por otro lado, las instituciones de la UE destacan especialmente en el fomento de la gobernanza, ¿por qué no diseñar nuestros programas de ayuda teniendo en cuenta desde el principio nuestras respectivas ventajas comparativas para evitar solapamientos y maximizar sinergias?

Siempre que sea posible, intentaremos compartir recursos y reducir la burocracia. El Fondo Fiduciario de la UE para África es un buen ejemplo de ello, porque en un tiempo récord tras su creación ha destinado 59 millones de euros a apoyar la paz, la estabilidad y la creación de empleo en el Cuerno de África.

COMBINACIÓN DE RECURSOS

Esto nos lleva a tener que hablar de la importante cuestión de los recursos. Si bien la tradicional ayuda al desarrollo sigue siendo fundamental, en el marco del nuevo Consenso hay que combinarla con otros recursos. Seguiremos apoyando a nuestros socios en la generación de recursos propios y en la mejora de la recaudación tributaria, en la promoción de las mejores prácticas, en la asistencia técnica y en el intercambio de conocimientos.

Para instar al sector privado a invertir en desarrollo, le concederemos garantías y avales a través del nuevo plan europeo de inversiones exteriores que vamos a crear para que las empresas puedan invertir en contextos que entrañan un riesgo más alto que otros, pero que pueden generar grandes beneficios en los países en vías de desarrollo mediante la mejora de las infraestructuras sociales y económicas, el apoyo a las pymes, la microfinanciación o la creación de empleo, especialmente la de empleo juvenil.

La combinación de todos estos elementos puede adoptar la forma de un plan de acción en materia de política de desarrollo que sea más completo y transformador de lo que lo han sido nunca las políticas europeas.

INTENSIFICAR LA APUESTA 

En estos difíciles momentos en que flaquea el compromiso de algunos actores y abunda la retórica nacionalista y populista, la importancia del nuevo Consenso Europeo sobre Desarrollo es mucho mayor que la suma de sus partes.

Su firma constituye un claro mensaje en el sentido de que la Unión Europea está dispuesta a intensificar su apuesta por fomentar el desarrollo y liderar los esfuerzos mundiales para erradicar la pobreza.

Queremos que nuestras acciones presentes no hipotequen las de las generaciones futuras ni el medioambiente ni la vida de los ciudadanos de los países en vías de desarrollo.

Anteponemos nuestro mundo, nuestra dignidad y nuestro futuro a cualquier rédito inmediato.