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¿Ves? Yo ya lo decía

Sònia Gelmà

Te lo dije. Es una de esas frases que uno odia como receptor pero que no puede evitar lanzar cuando le toca ser el emisor. Nos encanta llevar razón. De hecho, ¿quién no ha estirado alguna vez un argumento hasta el límite con tal de no perderla?

En ciertas discusiones, comprobar quién lleva razón resulta muy fácil, porque se trata de un dato objetivo. Pero cuando hablamos de teorías, la cosa se complica. En esos casos, hacen falta demostraciones empíricas. Ejemplo práctico: "La afición del Barça prefiere ver 'majorettes' que no a unos señores barrigones de 50 años". Esa fue la primera reacción de algún dirigente del club ante la idea de organizar un partido de homenaje al 'Dream Team'. Pero las circunstancias obligan y, a pesar de no creer en ello, recogieron el guante. Básicamente por quedar bien, porque seguían pensando que tenían razón.

Se pusieron tarde y mal. Porque cuando se va a medias, cuando no se acaba de creer, se hace con cierta desgana, porque ya se sabe de antemano lo que va a pasar. Fíjate, ya verás cómo no va a venir nadie. Ya verás cómo no se va a llenar el estadio. Y puesto que ya se prevé el fracaso, no se dedica a animar y alentar al aficionado, sino que centra sus esfuerzos en minimizar las pérdidas. No genera entusiasmo, sino que piensa en cómo disimular la falta de asistencia. No piensa en una campaña de promoción que convierta en prácticamente un pecado perderse la gran cita, sino que encarga el acto a una compañía experta para que nadie le pueda discutir su actitud impecable. No piensa en grande, sino que cubre el expediente.

AMBIENTE DESANGELADO

Y, efectivamente, no se puede discutir que el acto se organizó de manera muy profesional, que Bakero le puso todo el alma y el cariño que necesitaba la situación, él sí, y consiguió que no fallara prácticamente ninguno de los invitados protagonistas. Pero el Camp Nou presentó el pobre aspecto que ya nos habían avisado.

Un ambiente desangelado que aún lo fue más por contraste, cuando horas más tarde, un partido de veteranos en el Bernabéu dobló la asistencia del Camp Nou. Fue entonces cuando la vergüenza debió asaltar al club en todos sus estamentos, porque quizá la junta no hizo todo lo posible por llenar el estadio pero tampoco podemos pasar por alto la responsabilidad de esa afición que no se sintió aludida. Debe ser porque la primera siempre se recuerda, pero un poco menos cuando ya se han celebrado cuatro más. Una pena, merecían más, aunque alguien pueda murmurar con disimulo aquello de "¿Ves? Yo ya lo decía". 

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