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La tormenta siempre escampa

Sònia Gelmà

La victoria del Madrid en la Champions obliga al Barça a acertar con los fichajes

Nadie en su sano juicio hubiera puesto una lavadora, se sabía que podía haber tormenta, y la hubo. El Barça ya había dado por cerrada la temporada. Se ganó la Copa, se hicieron los balances oportunos de una mala temporada y se pasó a la siguiente pantalla. La presentación de Ernesto Valverde nos tuvo entretenidos unos días y llegó a parecer que la final de la Champions quedaba muy lejos. En eso estaban los aficionados azulgranas, en no prestarle demasiada atención, hasta que la duodécima entró en tromba, por tierra, mar y aire. Difícil esconderse.

Era previsible, el juego del Madrid del último mes y medio ya apuntaba al aguacero. Y ahí sigue, lloviendo. Así que mientras tanto, mientras amaina, llega esa época en que los días se alargan, uno se sienta a la sombra, mira el cielo e intenta adivinar qué tiempo hará mañana.

ACERTAR EN LOS FICHAJES

Y para poder hacer un buen pronóstico, falta saber cuál es el plan de Robert Fernández, porque del secretario técnico depende en gran parte que desaparezcan los nubarrones actuales. Lo preocupante no son las cifras, que sí, son crudas: el Madrid sumó su tercera Champions en cuatro años. Lo realmente temible es que futbolísticamente el Madrid, este año sí, ha sido el mejor. El proyecto blanco no parece que vaya a necesitar muchos retoques este verano y para recuperar el nivel el Barça tendrá que estar muy acertado.

El Madrid va dos pasos por delante, los dos veranos que el Barça ha malgastado desde su victoria en Berlín. Tras aquella victoria, el club se encantó, con un equipo que había aplastado a sus rivales en el último tramo de la temporada y con un tridente envidiable. Se miraba al espejo y se gustaba. Y creyó que todo estaba hecho.

MESSI, EL RECURSO DE SIEMPRE

Fichó, sí, y aunque no pareció acertar, no se preocupó, había excusa: la sanción de la FIFA había impedido que Arda y Aleix Vidal rindieran al máximo. Así que llegó el siguiente verano y pensaron que tocaba reforzar el banquillo, con gente joven de diverso pelaje, algunos con la esperanza de que fueran titulares algún día, otros simplemente para cubrir el expediente. Y, desde el ventajismo de juzgar a posteriori, se equivocaron.

Toca corregir. Los mensajes que llegan desde la caja del club es que se harán todos los esfuerzos necesarios pero que no pueden volverse locos, no pueden entrar en pujas de jugadores a 80 millones de euros. No parece fácil. Pero donde no llegue Robert, tendrá que llegar Valverde. Y en última instancia, Messi, una garantía de que, tarde o temprano, la tormenta siempre escampa.

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