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El hambre del águila cazadora

Mónica Marchante

Cuando ruede el balón en el césped del Millenium Stadium de Cardiff estará arrancando el Real Madrid su 15ª final de la máxima competición. Nadie ha jugado (ni ganado) tantas. Ni nadie ha logrado ganar dos consecutivas en el formato actual. Quizá cace también ese récord el Madrid en Gales. Cuando hay tormenta, el águila vuela alto hasta que escampe. Después se lanza en picado a por su presa. Táctica de buen cazador. Como el Real Madrid.

Mis recuerdos alcanzan hasta la séptima Copa de Europa blanca. Vi a Mijatovic marcando un gol que se hizo esperar 32 años, la cómoda victoria de París ante el Valencia, a Zidane dibujando una volea para la historia en Glasgow, a Ramos cabeceando sobre el cielo de Lisboa y la tanda de penaltis de Milán que otorgó la 'Undécima' a los blancos. 

A esas finales el Real Madrid llegó de la mano de entrenadores de perfil similar como Heynckes, Del Bosque, Ancelotti, ahora Zidane. Jugando con Cristiano, Benzema y Bale, pero también con Raúl, Morientes, Mijatovic o Figo. Todos ellos recogieron el testigo del actual Presidente de Honor del club, Paco Gento, el único futbolista de la historia que ha conquistado la Copa de Europa en seis ocasiones. 

UN CLUB GANADOR

Me paro a pensar qué liga a Gento con Raúl, con Zidane o con Cristiano Ronaldo. No es desde luego un estilo de juego común. Ni siquiera una forma de entender el fútbol. Los dos últimos han ganado finales con el Real Madrid y las han perdido antes con otros clubs, Juventus y Manchester United. Pero los veo llegar al Real Madrid y emborracharse de Champions, dejar los complejos en la puerta, adoptar esa actitud de quien sabe que esta en un club ganador que domina Europa.

LA FE DEL GANADOR

Llegar al Bernabéu es ponerse el traje de quien gana aunque sea en el minuto 93 o en el último penalti. Es asumir una exigencia altísima pero a la vez salir a jugar con fe, con la seguridad de creerse ganador. Lo que esta semana quiso explicar Cristiano Ronaldo cuando dijo que ante la Juve debían jugar «sin humildad». Eso que se aprende en el Real Madrid desde que uno entra. Y que puede explicar tantas victorias que no llegan necesariamente desde un fútbol exquisito, sino desde el hambre. El hambre del águila cazadora.

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