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OPINIÓN

Los rastros que dejamos

Josep-Francesc Valls

Convenientemente tratados los rastros que dejamos por todas partes, las empresas nos los devuelven convertidos en ofertas ajustadas a ellos

La industria aeronáutica tomó la decisión de invertir en la construcción de aviones de mayor capacidad, frenando bruscamente las investigaciones para aumentar la velocidad de los aparatos. Eso ocurría en la década de 2000, tras seguirle el rastro de infinidad de datos almacenados (data). El cruce de datos inteligentes permitió descubrir que un mayor número de pasajeros por vuelo sería más rentable que llegar antes a los aeropuertos, como así ha ocurrido. Desde el 2014, el grupo de moda Inditex ha invertido en su sede central en Arteixo (Galicia) unos mil millones de euros en su centro tecnológico para disponer de una tecnología propia que le permita cumplir con la misión de adelantarse a la moda y crear diseños nuevos: es decir, fabricar lo que le piden los clientes.

Los grandes fabricantes aeronáuticos e Inditex forman parte del 13% de las empresas globales que afirman utilizar intensivamente el big Data (Forbes, 30 diciembre 2016). Han roto con el viejo concepto de dirección que consistía en producir primero y vender después al mejor precio posible, y han abrazado los procesos tecnológicos para ajustar cantidad, especificidades, precio y momento de compra deseados por los consumidores.

Convenientemente tratados los rastros que dejamos por todas partes, las empresas nos los devuelven convertidos en ofertas ajustadas a ellos. Reducen costes, afinan más y pueden bajar los precios. Se trata de procesar convenientemente la información obtenida a través de los datos, que provienen de sensores, servidores, chips, programas de fidelización, tarjetas de crédito, cuentas corrientes, diálogos en redes sociales, followers…., para conocer los gustos, producir lo más rápidamente posible y anticiparse.

Amazon ha patentado un sistema basado en métodos predictivos de historial de compra y de hábitos del consumidor que le permite adelantar el envío antes de que el cliente encargue. Por su parte, Wal Mart -con sus diez clústeres de clientes- predice el movimiento de sus compradores para acomodar los lineales. El uso de los big data y los smart data ha cambiado la forma de hacer negocios, así como también sectores como la sanidad, la política, la educación, la innovación (Big Data: A Revolution That Will Transform How We Live, Work and Think, Cukier y  Mayer-Schonberger, J.Murray Publishers, 2013). 

La revolución actual no se sitúa en el traslado de las ofertas a la red, a pesar de que faltan muchas pymes. La revolución consiste en establecer el valor de cambio y la confidencialidad de los datos que ofrecemos gratuitamente;  en seleccionar los data, y las técnicas de análisis;  en la fiabilidad de los algoritmos; y en el desarrollo de todo el aparato jurídico que requiere el uso posterior de los resultados obtenidos. Y más allá de estas grandes cuestiones actuales, se requiere profundizar en las derivadas económicas, laborales –la robotización se halla a un tiro de piedra- y sociales que genera los nuevos modelos productivos.