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El cuerpo como reclamo

Irina Shayk.

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Dani e Irina: una cuestión intimísima

Lucía Etxebarria

No se trata de que los hombres no aprecien a las mujeres. Se trata de que aprendamos a apreciarnos a nosotras mismas

Al pobre Dani Rovira le han breado en las redes por un  tuit en el que decía que se quedó mirando una marquesina con un anuncio de lencería. Yo miro el mismo anuncio cada día. Cuando cojo el bus. La modelo se llama Irina Shayk. De tanto mirarla me he dado cuenta de una cosa. Irina es muy delgada (1,80 de altura, 57 kilos). Pero a los de la firma no les ha debido parecer suficiente. Y le han metido un tijeretazo con Photoshop que ríanse ustedes del que le metieron a Inma Cuesta en su día y que tanto revuelo creó.

En estas fechas, por aquello de la operación biquini, nos bombardean con imágenes de mujeres que nada tienen que ver con una mujer real. Incluso a mujeres que ya han nacido sobrenaturalmente bellas se las retoca y photoshopea para eliminarles celulitis y pliegues. Es la ocasión de que reflexionemos sobre la epidemia de desórdenes alimentarios que vivimos: la ortorexia afecta al 28% de la población de los países occidentales, según la OMS. El 5% de los jóvenes españoles de entre 12 y 18 años sufren algún tipo de trastorno alimentario diagnosticado, según la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia. Además, el 11% de la misma franja de edad lo padecen sin habérseles diagnosticado aún. Se trata de una epidemia inducida socialmente, porque hasta los años 80 la prevalencia de este tipo de trastornos era prácticamente nula.

La industria cosmética ha crecido un 50% en los últimos seis años. El mercado de los productos dietéticos creció un 7% en el 2016, hasta alcanzar los 920 millones de euros. Ambos se nutren de la inseguridad de las mujeres. ¿Han pensado ustedes que mientras estemos obsesionadas con nuestro cuerpo y nuestro aspecto dejaremos de preocuparnos por cosas importantes como luchar por la igualdad de salarios o por un mundo más justo? El mito de la belleza es un anestésico poderosísimo. Al final, que Dani mire a una chica no es una cuestión solo machista. Es una cuestión capitalista, consumista, social. No se trata de que los hombres no aprecien a las mujeres. Se trata de que aprendamos a apreciarnos a nosotras mismas.

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