Ir a contenido

IDEAS

La Gran Novela Catalana de los Pujol

Miqui Otero

-Ave María Purísima.

-Sin pecado concebida.

-Bendígame padre porque he pecado. Hace demasiados años desde mi última confesión. Confieso no saber cómo demonios escribir sátira, cómo detectar vicios de mi sociedad pintándolos de modo ridículo, en un lugar donde el yerno del Rey firma sus cartas como El Duque EmPalmado y donde la matriarca de los Pujol, "la madre superiora de la Congregación", cifra un mensaje de traspaso de fondos como "dos misales de mi biblioteca a la del capellán". ¿Ha visto 'Entre tinieblas', de Almodóvar, padre? Con sus monjas que trapichean con...

-El buen penitente no señala pecados ajenos, sino que confiesa los suyos.

-Pero es que Ferrusola, padre, me recuerda a un amigo cuando pedía por teléfono sustancias ilegales. "Prepárame uno para esquiar", decía. "Ponme cuatro pizzas", añadía.  Y de algún modo mágico, y a pesar de que yo esperaba encontrar Tarradellas y 'forfaits' para La Molina, su proveedor, como el gestor bancario de los Pujol, lo entendía.

-Dios escribe recto con renglones torcidos…

-Me confieso, insisto, incapaz de superar sus tramas sobre fortunas concebidas católicamente, sin pecado ni roce. ¡Son los mejores escritores de este país! En las confesiones de Pujol padre (¿o debería decir Padre Pujol, padre?) retumban ecos dickensianos: las fortunas saltan una generación y aparecen mediante benefactores criminales como en 'Grandes esperanzas'. Yo querría inventar a una bruja gallega que consultara el patriarca. Pero el caso es que existe: de nombre Adelina, lo definió como "más agarrado que un chotis".  El hijo, "capellán de la parroquia", inaugura la metaficción berlanguiana: usa 'La escopeta nacional' en su monólogo berlanguiano. ¿Sigue ahí, padre? Debería cuidarse esa tos…

-[Arrullo ininteligible] Quetelunya, cof, quetelunya, quete…

-¿Recuerda aquello que dijo el Padre Pujol Padre, padre? "La financiación de los partidos es un misterio, pero un misterio de aquellos que no son misterio, porque están muy claros, pero siguen siendo un misterio". Un misterio como el de la inmaculada concepción. Al fin lo entiendo: un misterio que es un milagro. De peces y panes. Mi pecado capital es la envidia. Los envidio tanto. Envidio tantísimo su talento. ¿Está ahí, padre?

-Esto hoy no toca. 

0 Comentarios
cargando