Elecciones presidenciales en Francia

Cultura contra Le Pen

¿Cómo se instaló en la sociedad civil la idea de que Francia es solo para los franceses de pura cepa?

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La candiata a la presidencia francesa, Marine Le Pen.

La candiata a la presidencia francesa, Marine Le Pen. / THOMAS SAMSON

En París, un grupo de intelectuales liderados por el psicoanalista Jacques-Alain Miller y con el apoyo del grupo de La Règle du Jeu del filósofo y escritor Bernard Henri-Lévy organizaron un Forum Anti-Le Pen el pasado 18 de abril. La convocatoria del foro en París es una más entre una serie que este movimiento ha puesto en marcha por toda Francia. Este grupo de intelectuales, psicoanalistas, filósofos, historiadores, antropólogos, escritores, muchos de ellos formados en la École Normale Supérieure, muestran su preocupación e inquietud por el avance del Frente Nacional (FN).

Entre otras muchas cosas ya sabidas y además planteadas por los medios de comunicación (el voto de las clases medias en crisis y los sectores afectados por el paro, el apoyo de la banca rusa a la financiación del partido, el declarado racismo de los partidarios de Le Pen) hay una cuestión que preocupa en particular, desde que en el 2002 se unieran todos los partidos para evitar la victoria del FN en la segunda vuelta.

EL DIABLO ASTUTO

¿Por qué no se ha hecho nada durante estos años para contrarrestar los principios ideológicos del programa electoral de Le Pen? ¿Cómo se ha permitido que se instale en la sociedad civil la idea de que Francia es solo para los franceses de pura cepa? Las ideas de Le Pen, bien presentadas e incluso camufladas –decía Baudelaire que la mejor astucia del diablo es hacer buena cara– parecen haberse introducido sin problemas en el tejido social francés.

Uno de los participantes en el foro de París, el filósofo y lingüista Jean-Claude Milner, subrayó en su intervención que la especie humana es una e indivisible, mientras que la ciudadanía, en cambio, es una condición adquirida que se puede perder. Sin embargo, deben ir juntas. Plantear una relación de contradicción entre ciudadanía y derechos humanos supone abrir el camino a la exclusión, la injusticia y eventualmente, la aniquilación. Supone plantear que no todos los seres humanos tienen derecho de ciudadanía. Esa fue la experiencia de Vichymetáfora del totalitarismo y la infamia.

CIUDADANÍA PARA TODOS

Si Le Pen ganara las elecciones, la ciudadanía para todos los franceses no estaría asegurada. Algo falla entonces en el tejido social y en la vida política para que disminuya la importancia de la idea de ciudadanía en una sociedad republicana. La República (como la democracia) es un régimen que garantiza la condición de ciudadanos a los que en ella viven. 

Ahora la cuestión es cómo torpedear el caldo de cultivo de la extrema derecha, más allá de estas elecciones, dando una cierta continuidad a la tarea. Proporcionar a la población la capacidad de reflexionar sobre la vulnerabilidad del otro haciéndose responsable de una vida en común, aceptando que la normalidad para todos igual es una ficción.

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