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Al contrataque

Quien está pendiente de otro es discreto, planifica y se entrega mucho antes de que el receptor de su amor lo note

Con la ley de la dependencia también nos engañaron. Nunca llegaron los recursos que se anunciaron, y en general son las administraciones autonómicas las que dan la cara y ponen parches insuficientes mientras que la Administración central incumple. Así que hoy, aparte de ofrecer mi cálido abrazo a los dependientes y recordar la doble injusticia que sufren (la física y la administrativa), de lo que quiero hablar es de los pendientes. De aquellos y aquellas que, más allá de una norma, están pendientes de alguien.

Y no me refiero únicamente a los pendientes de alguien dependiente, que estos ya son jedis. Quiero hablar de todos los que aman. De los que cuidan los detalles. De los que no esperan recompensa sino simplemente ver sonreír al otro. De los abuelos que tratan de tener las galletas que saben que sus nietos devoran. De los vecinos que tras su jornada llaman a la puerta para dar cariño y ayuda. De los hijos que saben que una llamada de teléfono diaria a sus padres es poner la alegría en su rutina. De los observadores que muestran su inmenso afecto con el mismo tacto. De los pobres diablos que actúan como ángeles de la guarda. De los enfermeros que llaman a sus pacientes por el nombre y les preguntan con interés real sobre sus vidas. De los que detectan la tristeza y buscan la manera de apaciguarla. De los que te hacen reír. De los que te conocen y por tanto te comprenden y te ayudan en tus momentos más oscuros. Quiero hablar de todos ellos, y sobre todo de cómo lo hacen.

SIN BUSCAR RECOMPENSA

El pendiente es discreto, planifica y se entrega mucho antes de que el receptor de su amor lo note. Funciona con una media sonrisa a medida que trata de construir el instante de felicidad que regala. Porque lo regala. No busca recompensa, la obtiene al ver que la alegría que quería insuflar llega a su destino. Da. Se da. Quiere como el que quiere a una gata. La cuidas sin esperar mucho. Y en su bienestar eres feliz. El mundo está lleno de pendientes, y hoy es el día para ver que muchos de ellos están pendientes de ti. No han desfallecido. Están ahí por ti. Para ti. Cada uno debe reconocer a los suyos y agradecerles el gesto. La vida siempre defrauda desde la norma y el pie de la letra de la ley. El realismo puro está desprovisto de magia ni genera vínculos eternos. Pero el amor del que está pendiente, sí. Ellos hacen tu mundo mejor, y es de justicia que hoy les desenmascaremos aunque se mueran de vergüenza. El sonrojo de sus caras al recibir un beso nuestro viene directamente del corazón, que al notar nuestro roce y agradecimiento se ilumina sin freno. La dependencia también tiene sus leyes. La principal es la inmensa e íntima alegría que proporciona al que está pendiente, que se amplifica geométricamente si le reconocemos y agradecemos el empeño. 

Temas: Dependencia

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