28 mar 2020

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Análisis

Tres miembros de ETA leen un comunicado, en septiembre del 2010.

AFP

Por la 'amnistía del corazón' en Euskadi

Javier Elzo

Necesitamos conocer la verdad. Toda la verdad. Necesitamos desempolvar tanta miseria, tanto olvido, tanto odio, tanto fanatismo

Al día siguiente del jueves 20 de octubre de 2011, fecha en la que ETA anunció que dejaba definitivamente las armas (que parece que entrega este sábado, aunque --no seamos ingenuos-- no las que sirvan para esclarecer las causas pendientes), participé en un programa de TV-3 en Barcelona. Estaba en el plató Eulàlia Lluch, una de las hijas de Ernest LluchEulàlia animó a la sociedad vasca para hablar y dialogar sin deseos de venganza sobre el futuro abierto. Ninguna palabra de más, ninguna manifestación de odio, ninguna descalificación innecesaria, nada de que nadie se pudriera en la cárcel. Decía que, desde su punto de vista, lo que procedía era lo que su padre defendió con tenacidad y coraje, y con mucha incomprensión. Nos impactó a los cuatro que estábamos en el plató.

El 7 de noviembre de 2013 se presentó en la Universidad de Deusto la iniciativa Glencree, que discretamente llevaba funcionando desde el 2007, poniendo en contacto experiencias de víctimas de diferentes victimarios. Ese día intervinieron Fernando Garrido, hijo del gobernador militar de Guipúzcoa, que ETA asesinó en 1986, y Asun Lasa, hermano de Joxan, torturado y asesinado por la Guardia Civil en lo que ha pasado a la historia como el 'caso Lasa y Zabala'. "Conocer de cerca que en el otro lado también hay dolor me ayudó a ver que hay mucho sufrimiento en las diferentes violencias y no solo en la que yo he sufrido", dijo Garrido

EL ESTADO Y LOS MALOS TRATOS

Es el reconocimiento, todavía no asumido por muchas personas, de que hay otras víctimas, aunque ya sabemos que el mundo de ETA, merced a estas otras víctimas, intenta legitimar su terrorismo y construir un relato que lo diluya en "la violencia padecida en el País Vasco". Solo convencerá a los suyos. La asignatura pendiente de la izquierda abertzale, hoy Sortu, es decir pura, lisa y llanamente, que la violencia terrorista es condenable. Como lo es que reconozca el Estado, de una vez por todas, que algunos miembros de las fuerzas de seguridad aplicaron la tortura y los malos tratos. Soy plenamente consciente de que diciendo esto me tratarán de equidistante. Ya lo tengo asumido. Mi posición la he desarrollado en un libro cuyo título refleja bien mi pensamiento: 'Tras la losa de ETA'. 

EJERCICIO DE VERDAD Y HUMILDAD

Mirando al futuro, Euskadi necesita revisar su historia, levantar el velo de los silencios sobre todas las víctimas. Necesitamos conocer la verdad. Toda la verdad. Euskadi necesita un enorme ejercicio de verdad y humildad. Necesitamos desempolvar tanta miseria, tanto olvido, tanto odio, tanto fanatismo. Necesitamos escuchar más relatos, muchos relatos de tanta gente que ha sufrido tanto. Sin descartar a nadie. Necesitamos la verdad, sí, en pro de la conciliación, en el marco insoslayable de una justicia, resueltamente restaurativa. 

En fin, necesitamos transitar de las memorias, individuales o colectivas, siempre parciales, a la historia con mayúsculas, escrita por profesionales no excesivamente ideologizados. Pero exigirá tiempo. Una generación como poco. ¿Y si entre tanto tratáramos de aplicar la dimensión revolucionaria del perdón, la amnistía del corazón?