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Jorge Fernández Díaz, antes de su comparecencia en la comisión de investigación del Congreso, ayer.

JUAN MANUEL PRATS

La ley del más fuerte

Albert Sáez

Fernández Díaz avisó de que cuando uno se salta la ley, corre el peligro que el otro haga lo mismo y entonces gana el más fuerte

El ruido por las vidriosas palabras de Gabriel Rufián impidió poner atención en unas ilustrativas palabras del exministro de confianza de Rajoy, el catalán Jorge Fernández Díaz: "cuando alguien se salta la ley, corre el peligro de que la otra parte también lo haga y, entonces, gana el más fuerte". La frase permite todo tipo de interpretaciones o, siguiendo la palabra de moda, de 'posverdades'. Puede ser desde una constatación hasta un presagio pasando por una amenaza, un relato histórico o un pronóstico. Y los pronombres que utiliza pueden esconder una diversidad de nombres. La frase cambia de sentido y de significado si sustituímos al "alguien" por la Generalitat y a "la otra parte" por el Gobierno de España. Como también da un vuelco si el fragmento que analizaba el exministro empieza con el episodio de su partido recogiendo firmas contra una ley aprobada por el Congreso en el que reside la soberanía española o reprobando a un magistrado parar sacar adelante el recurso contra el Estatut. El resultado no es el mismo que si el fragmento analizado empieza con la juzgada desobediencia de Mas y compañía o con las declaraciones del Parlament.

Lo único indiscutible es que la incapacidad de la política ha dejado el asunto de Catalunya en una batalla por la fuerza, de momento, judicial. Y los actos de fuerza son, siempre y todos, desagradables. Lo es que unos energúmenos lleven semanas acosando a los jóvenes de Societat Civil en el campus de la UAB (por cierto que son los mismos que hacían escrache a un decano independentista). Y lo es el acecho digital que padecen unos y otros. Pero no lo es menos que algunas empresas que trabajan para la Generalitat hayan recibido en las últimas semanas la visita de algún funcionario de la administración central del Estado que les ha dicho: "vengo a darles miedo". Así de directo. El mismo mensaje enviado a los funcionarios de la Generalitat. Los conflictos dejan de ser políticos para ser otra cosa cuando un delincuente pretende ampararse en otro. En los meses que vienen mientras los políticos libran esta batalla por la fuerza como la ha descrito Fernández Díaz, convendría no usar dos varas de medir para juzgar los actos de unos y otros.