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Iglesias en Catalunya, ni dentro ni fuera

Joaquim Coll

En vez de estructurar un partido en toda España, el líder de Podemos ha regalado su fuerza electoral a las confluencias territoriales

Se anunciaba desde hace meses que mañana íbamos a asistir al nacimiento de una nueva fuerza, resultado de la fusión de todo lo que se reconocía como "izquierda alternativa", hija del 15-M, que se había ido presentado a las elecciones con diversas etiquetas desde el 2014. El "nuevo sujeto político", expresión intelectualoide del agrado de Xavier Domènech para evitar el denostado término "partido", comportaba la integración de tres grupos principales:

1. Los 'comuns' bajo el liderazgo de Ada Colau; 2. La vieja izquierda de ICV y EUiA,  y 3. La marca catalana del partido morado, Podem.

Tras los buenos resultados obtenidos tanto en las elecciones municipales como en las generales, la unión de estos grupos se presentaba en términos de operación histórica, tan importante como en 1978 fue el nacimiento del PSC (PSC-PSOE). Al final el intento se ha frustrado porque la dirección podemista en Catalunya, siguiendo el criterio de Albano Dante Fachin, ha decidido quedarse fuera al sentirse excluida en el acceso al núcleo dirigente del nuevo partido. No por diferencias ideológicas, sino por cuotas de poder.

Ya sabemos que el éxito tiene muchos padres y el fracaso es siempre huérfano. En este caso solo el tiempo dirá sobre quién recae la culpa. De entrada supone el primer varapalo para Pablo Iglesias después de Vista Alegre II. En realidad, es la consecuencia de una estrategia equivocada desde el principio. En lugar de estructurar un partido en toda España, que en Catalunya pudiera fusionarse con otras fuerzas a cambio de establecer un vínculo federal con Podemos, en un proceso similar a lo que fue la unidad socialista hace cuarenta años, Iglesias optó por regalar su fuerza electoral a las llamadas confluencias territoriales.

OPCIÓN EQUIVOCADA

El resultado es que Podem Catalunya no estará en la asamblea fundacional de Un País En Comú, pero tampoco podrá desde fuera construir su alternativa, básicamente porque ha perdido la oportunidad de existir. La prueba es la irrisoria participación en la consulta interna que la dirección morada organizó para refrendar su rechazo a la fusión con los dos otros grupos. Además, por el camino se ha escindido, porque algunas figuras relevantes del podemismo catalán sí se integrarán a título personal en la nueva fuerza. Por tanto, ni dentro ni fuera. Aunque Iglesias no sea directamente responsable, evidencia lo equivocado de su opción confederal.

También la nueva formación que nace mañana va a afrontar no pocas dificultades. Ideológicamente es una amalgama de posiciones, tanto en lo social como en lo territorial, lo cual les obliga a aplazar la profundidad de los debates o a improvisar respuestas en función de la coyuntura. Dos ejemplos. Sobre el referéndum: están en contra de la unilaterialidad, pero cuando el Estado lo impida también lo criticarán. Y sobre la Unión Europea, un tema urgente y capital tras el 'brexit', tienen diversas posturas internas, de manera que el asunto lo han dejado abierto. Igual para no romperse acaban haciendo de Iglesias y al final deciden que no quieren estar ni dentro ni fuera.

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