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ANÁLISIS

El Barça se instala en el camino correcto

Luis Mendiola

Les cuento una interioridad del Barça. Ni uno solo de los 20 miembros de la directiva de Josep María Bartomeu quiso asumir la representación del baloncesto cuando se repartieron las funciones de la junta. Ni uno. Ni siquiera el actual responsable, Joan Bladé, que aspiraba al área médica. El más cercano a los intereses del básquet es el presidente, aunque este intenta marcar siempre el perfil futbolístico de su mandato, consciente de que el éxito de Messi y del fútbol será también el éxito de su gestión.

Ese desapego puede darles una idea del porqué se han hecho las cosas mal últimamente en el Palau. Y  explica el inmovilismo mientras el equipo caía y caía esta temporada. Hasta que la directiva, señalada por la vergüenza de la eliminación de la Euroliga, ha optado por aplicar medidas quirúrgicas.

Durante el último lustro, en realidad, el Barça vivió de la inercia del equipo campeón de Europa en el 2010 (construido en la era Laporta con Savic en los despachos), del acierto en la dirección de Xavi Pascual y del título de Liga del 2014 ante el Madrid con un triple de Lampe. Pero la paulatina descomposición de la sección era una realidad.

La directiva detectó la anomalía el pasado verano (dos años sin títulos, pérdida de competitividad, errores en fichajes y planificación), aunque le puso el remedio tarde y mal e intentó una transición tranquila (Rodrigo de la Fuente tomaba el relevo de Creus, tras pasar con él medio año; cambio de técnico en julio) que no ha acabado de funcionar.

Lo vivido esta semana es un cambio de paso inesperado. Dotar a la sección de un organigrama propio supone un giro radical pergeñado  por Albert Soler, director de los deportes profesionales, que se visualiza en la incorporación como mánager de gestión de un exjugador emblemático, Nacho Rodríguez, que cuenta con dos virtudes que se han echado de menos en los últimos tiempos: carácter y empatía.

Sorprenden las maneras de la junta y su falta de reflejos en muchas ocasiones. Pero es un paso en la buena dirección. Sobrevivir en el profesionalizado baloncesto de hoy necesita una estructura sólida a plena dedicación que no existía.

El momento en el que se produce, metidos de lleno en la Liga, pocos meses después de que se presentara a bombo y platillo un nuevo modelo, es el reconocimiento explícito («algunas cosas se han hecho mal», admitió el directivo Joan Bladé) del fallido planteamiento inicial de los responsables del club.

Como ocurre con las revoluciones, han quedado víctimas en el camino: Joan Carles Raventós, gerente de secciones, que fue mano derecha de Creus, deja su cargo. También la posición del técnico Georgios Bartzokas y del mánager deportivo Rodrigo de la Fuente ha quedado debilitada. Y deja alguna incógnita por despejar: si los cambios llegan por convicción o por el clamor en contra tras los malos resultados y la pérdida de credibilidad en Europa.

Sea como sea, el Barça se ha instalado, al fin, en el camino que sus rivales hace tiempo que recorrían. Lo ha tomado en marzo, no en julio como sucedió esta temporada. Tiempo más que de sobras para preparar el futuro con cierta calma y tiempo suficiente para examinar al actual equipo que, alejado de las excusas de las lesiones, está obligado a despedir la temporada con dignidad. 

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