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Visión política frente a deslealtad

José A. Sorolla

La decisión de Manuel Valls de votar por Emmanuel Macron en la primera vuelta de las presidenciales francesas no es ninguna sorpresa. Un ministro tan próximo a Françoís Hollande como el de Defensa, Jean-Yves Le Drian, se había pasado ya hace días al campo centrista de Macron, y el propio exprimer ministro se había negado a avalar la candidatura oficial socialista de Benoît Hamon, lo que le había valido a Valls una recriminación del organismo organizador de la primaria, que lo tachó de “desleal” por haber incumplido el compromiso firmado de apoyar al ganador de la elección en la que él mismo había participado y perdido frente al representante del ala izquierda del Partido Socialista (PS). Una parte considerable del hollandismo se está pasando a Macron y la única incógnita es qué votará el presidente de la República, que no lo hará público, pero no sería extraño que se inclinara por su exministro de Economía.

Frente a la “deslealtad”, la “traición”, el “desprecio”, la “vergüenza” y la “falta de honor”, calificativos que ha tenido que escuchar Valls de sus hasta ahora camaradas, el exprimer ministro, líder de ala reformista del PS, ha preferido oponer su visión política. Valls sostiene que su decisión “no es una cuestión de corazón, sino de razón”, y es la única manera de frenar a Marine Le Pen, a la que no pueden derrotar ni el desprestigiado François Fillon ni el fracasado Benôit Hamon, incapaz de tejer una alianza con la izquierda comunista y con los ecologistas. Ante la decisión de Valls, los intentos de reagrupar a la izquierda han resurgido, pero sin futuro alguno porque ni siquiera Hamon puede presentarse como el líder de esa eventual alianza, ya que Jean-Luc Mélenchon, candidato de la izquierdista Francia Insumisa, tiene tantos números o más que él si hacemos caso a los sondeos.

AMENAZA DE LA EXTREMA DERECHA

Valls sostiene, seguramente con razón, que las encuestas minusvaloran la fuerza de Le Pen y que para detenerla es necesario un candidato como Macron. Cuando explicó por qué no había avalado a Hamon, ya dijo que, ante la amenaza de la extrema derecha, “los progresistas y republicanos tienen un inmenso deber: asumir sus convicciones y defender una posición central, equilibrada, responsable, cívica, la única capaz de reagrupar a los franceses”. La mayoría de los analistas dan por hecho que Marine Le Pen no puede ganar en la segunda vuelta porque el resto de los electores votarán al otro candidato que se enfrente a ella, pero, ¿qué ocurrirá si Fillon es eliminado? ¿Votarán los electores de la derecha dura de Fillon Macron, si este es el finalista, o lo harán por Le Pen? Ante esta incógnita, es importante que Macron se imponga ya en la primera vuelta a Le Pen y con la mayor ventaja posible para crear una dinámica vencedora y relegar a la candidata del Frente Nacional al segundo puesto.

Valls sabe también que el paisaje político francés va a ser irreconocible en pocas semanas. El PS estallará, pero Los Republicanos, si Fillon es eliminado, también. Y con su decisión prepara ya su resituación en el nuevo escenario político, organizado en torno al centrismo si Macron se convierte en el próximo presidente.